El Libro Para Ti

El Libro Para Ti
En estas cartas, escritas en lenguaje paternal, los jóvenes encontrarán mensajes de valor permanente, advertencias y estímulos para alcanzar metas e ideales elevados, y sobre todo, el consejo para permanecer fieles a los supremos valores éticos y morales.

viernes, 9 de noviembre de 2012

DOS PIES IZQUIERDOS


«Un cuerpo no se compone de un solo miembro, sino de muchos [...]. Dios ha puesto cada miembro del cuerpo en el sitio que mejor le pareció. Si todo fuera un solo miembro, no habría cuerpo» (1 Corintios 12:14-19).

¿Alguna vez te has tropezado mientras caminas y te has caído? ¿Alguien te preguntó cuándo te caíste si tenías «dos pies izquierdos»? Bueno, en realidad no te estaban preguntando si tenías dos pies izquierdos. Lo que te estaban diciendo era que eres un poco torpe.
El versículo de hoy dice que Dios dispuso cada parte de nuestro cuerpo de manera perfecta para que cada una cumpliera con su función. Al igual que el cuerpo, en la iglesia Dios le ha dado a cada uno una función. Algunas personas son muy buenas dirigiendo la música, mientras que otras son buenas enseñando las lecciones de la Biblia, Hay quienes sirven para hacer que el jardín de la iglesia se vea hermoso. Dios nos hizo a todos como él quiso que fuéramos.  Todos podemos ayudar con algo que sepamos hacer en la iglesia. Aprendamos a respetarnos por los talentos con los que Dios nos ha bendecido y animémonos mutuamente a cumplir nuestra función en el «cuerpo» de Cristo.

Tomado de Devocionales para menores
Explorando con Jesús
Por Jim Feldbush

EL REENCUENTRO


Señor, no sabemos a dónde vas; ¿cómo, pues, podemos saber él camino? (Juan 14:5)

El año 2007 trajo consigo un período de pruebas y decisiones difíciles para nuestra familia. Una de ellas consistió en que tuve que separarme de mi esposo y del ministerio que Dios nos había encomendado durante cuatro meses. El motivo era que debía concluir mis estudios universitarios en la Universidad Adventista de Costa Rica; sin embargo, la decisión no fue nada fácil de tomar.
Me sentía feliz por estar en mi país de origen junto con mis dos hijos. Podría de esa forma concluir mis estudios y también compartir una temporada con mis padres y hermanos. El tiempo fue pasando y me sentía cada vez más triste al no estar con mi esposo. Además mis hijos me preguntaban a diario por su papá. Sin embargo, sabíamos que el objetivo ameritaba la separación. Tres meses después de estar en Costa Rica, mi esposo llegó para pasar unos días con nosotros. Fueron horas de mucha alegría; sin embargo, él tuvo que regresar a sus labores en Guatemala. De nuevo nos separamos, aunque en aquella última ocasión fue más difícil, ya que mis dos hijos se enfermaron y sin la presencia y ayuda de mi esposo me sentí muy estresada.
Gracias a esta experiencia vivida tiempo atrás, hoy puedo entender mejor el sufrimiento de Dios al separarse de su amado hijo, Cristo Jesús, durante más de treinta años. Aunque la separación fue difícil para ambos, el propósito era también maravilloso: tu salvación y la mía.
Si has tenido que separarte de algún ser querido por algún motivo, recuerda que muy pronto el Señor Jesús enjugará toda lágrima de sufrimiento y nos reunirá para que nunca más nos separemos. ¡Piensa que podremos vivir con él y con nuestros seres amados por toda la eternidad!
«En toda ocasión y lugar, en todas las tristezas y aflicciones, cuando la perspectiva parece sombría y el futuro nos deja perplejos y nos sentimos impotentes y solos, se envía el Consolador en respuesta a la oración de fe» (La maravillosa gracia de Dios, p. 191).

Tomado de Meditaciones Matutinas para la mujer
Una cita especial
Textos compilados por Edilma de Balboa
Por Shirley de Casia escribe desde Guatemala.

LO QUE MÁS TEME EL ENEMIGO


Resistan al diablo, y este huirá de ustedes. Acérquense a Dios, y él se acercará a ustedes. Santiago 4:7,8.

Si hay algo que el diablo teme es ver a un joven cristiano que, de rodillas, ora al Padre celestial en el nombre del Señor Jesucristo. Esta realidad la expresó muy bien Samuel Chadwick cuando escribió que el enemigo puede ridiculizar nuestros mejores esfuerzos y puede incluso burlarse de nuestra sabiduría, pero tiembla cuando oramos.
Un buen ejemplo de lo que ocurre cuando un cristiano ora lo encontramos en la historia de John Knox, el campeón de la Reforma en Escocia. Al igual que Elías, el profeta del Antiguo Testamento, las oraciones de Knox no solo hacían temblar al diablo, sino también a los gobernantes de su tiempo. De hecho, se cuenta que Mary Stuart, la reina de Escocia, llegó a decir: «Temo a las oraciones de John Knox más que a un ejército de diez mil hombres» (John Hudson Tiner, For Tiróse Who Daré [Para los que se atreven], p. 36).
¿De dónde obtuvo Knox semejante fuerza espiritual? De su comunión diaria con Dios. Knox no solo oraba por él, sino que también intercedía por sus feligreses y por su querida patria. Su constante plegaria era: «¡Oh, Dios, dame a Escocia, o me muero!». Y Dios le dio a Escocia, porque una vez que ahí se encendió la luz del evangelio de Jesucristo, ya nunca se apagó.
Se cuenta que en una ocasión la misma reina, Mary Stuart, lo culpó de hereje, por enseñar al pueblo a obedecer a Dios antes que a los gobernantes. ¿Cuál fue respuesta de Knox? «Si toda la simiente de Abraham —dijo— hubiera sido de la religión del faraón del cual fueron súbditos por largo tiempo, le pregunto, señora, ¿qué religión habría hoy en el mundo? Y si en los días de los apóstoles todos hubieran sido de la religión de los emperadores de Roma, dígame, señora, ¿qué religión habría hoy en el mundo?» (Elena. G. de White, El conflicto de los siglos, p. 256).
¿Quieres disfrutar de una vida cristiana poderosa, como el sol del mediodía; refrescante, como la brisa de la mañana? Entonces aparta cada día unos minutos para hablar con Jesús. Haz una cita con él cada mañana. Ábrele tu corazón y confíale tus temores, tus planes, tus esperanzas. Él estará ahí, fin falta; porque además de tu salvador, es también tu mejor amigo.
Querido Jesús gracias por ser mi Salvador y también mi mejor amigo.

Tomado de Meditaciones Matutinas para jóvenes
Dímelo de frente
Por Fernando Zabala

DIOS SABE QUÉ NOS CONVIENE


«He aquí que no se ha acortado la mano de Jehová para salvar, ni se ha endurecido su oído para oír» Isaías 59:1.

El libro de los Hechos de los Apóstoles cuenta la historia de un hombre llamado Simón (Hech. 8:9-13). Antes de convertirse al cristianismo había servido al diablo. La gente no lo sabía y pensaba que su poder venía de Dios. Cierto día que Simón vio a los discípulos obrando milagros quedó impresionado y ofreció dinero para que le diesen ese mismo poder.
Algunos sienten una fuerte atracción por los milagros y los poderes sobrenaturales. Fíjese en el número cada vez mayor de películas en las que proliferan brujas, vampiros, extraterrestres y otros personajes dotados de poderes sobrehumanos. Quienes participan de esos espectáculos pueden ser presa fácil de un engaño que los lleve a seguir al enemigo de las almas.
Por lo general, no creo que sea apropiado que pidamos a Dios que obre milagros o que nos dé alguna señal. Esto puede equivaler a decir: «Señor, si tú no haces nada por mí, yo tampoco haré nada por ti.
Luego están aquellos que, como Simón, ven un futuro económico brillante para si mismos.  Hace poco, en Internet, vi a un predicador. Básicamente, venía a decir que sus espectadores quedarían sanados si ponían las manos en la pantalla. Desde luego, también pedía a la gente que le enviara dinero.
Hace años vi a un predicador de televisión desgarrando la camisa que llevaba puesta en pedazos pequeños. Dijo a los espectadores que, si le enviaban una ofrenda, él les enviaría un pedazo de la camisa y, como resultado, sus vidas estarían llenas de milagros.
A menudo, quienes están enfermos o tienen algún problema buscan ayuda en cualquier parte. Hay muchos que, como Simón, serían capaces de sacar provecho personal haciendo negocio con el sufrimiento o los problemas ajenos. Suelen vivir en mansiones y conducen automóviles de lujo.
¿En alguna parte de la Biblia se nos dice que Jesús pidió dinero a alguien a cambio de sanarlo? ¡En absoluto! Si alguien le promete obrar un milagro, alguna señal o cualquier acto sobrenatural, recuerde la historia de Simón el mago. Otra cosa que no tenemos que olvidar es que, pidamos lo que le pidamos a nuestro Padre celestial, siempre tiene que ir acompañado por las palabras: «Hágase tu voluntad».   Basado en Juan 4:48.

Tomado de Meditaciones Matutinas
Tras sus huellas, El evangelio según Jesucristo
Por Richard O´Ffill

martes, 6 de noviembre de 2012

JARDINES DEL CORAZÓN


«Yo sembré y Apolo regó, pero Dios es quien hizo crecer lo sembrado» (1 Corintios 3:6).

Por favor, camina con cuidado, no quiero que vayas a pisar ninguna planta mientras visitas mi jardín. ¿Puedes ver el maíz, los frijoles y los calabacines?  Este verano vamos a disfrutar en casa de unos buenos vegetales recién cosechados. Estoy muy ansioso de que estén listos.
El versículo de hoy habla de otra clase de jardín: el «jardín» del corazón. Pablo dice que cuando él predicó el mensaje de la Biblia «plantó» la semilla de vida en el corazón de la gente. Apolo, otro miembro de la iglesia, era el encargado de «regar» los corazones. Eso significa que él los ayudaba a entender lo que significaba ser cristianos y los apoyaba en su trayectoria. La última parte del versículo es la más importante. Dios es quien nos hace «crecer» como cristianos. Esto es algo que nadie más puede hacer, sino él. Así como solo Dios puede hacer que los vegetales crezcan, él es el único que puede hace que su Palabra crezca en nuestras vidas y nuestro corazón.
Dios es el mayor jardinero del universo. Planta su Palabra en tu corazón, riégala aprendiendo cada día más de él, y permite que Dios te haga crecer a su imagen también.

Tomado de Devocionales para menores
Explorando con Jesús
Por Jim Feldbush

EL PODER DE LA ORACIÓN


Si algo pedís en mi nombre yo lo haré. (Juan 14:14).

Mi madre y cinco de mis hermanos residen en el estado de Baja California, México, mientras que dos de mis hermanos y yo nos hemos quedado a vivir en El Salvador. En cierta ocasión viajé a visitar a mi mamá junto con una tía y con mi abuela materna. Antes de partir de regreso a El Salvador mi abuela sufrió un derrame cerebral y murió en Baja California.
¿Quién nos apoyaría en aquellos momentos tan difíciles? Aunque nadie nos conocía en aquel lugar Dios permitió que nos acompañara la familia adventista de la comunidad. Aunque la iglesia quedaba a cierta distancia, alguien les llevó la triste noticia de que nuestra abuela había muerto.
«Con frecuencia se marchitan nuestras esperanzas más acariciadas. La muerte nos arranca a nuestros seres amados. Cerramos sus ojos, los vestimos para la tumba y los ocultamos de nuestra vista. Pero la esperanza nos hace cobrar ánimo. No estaremos separados para siempre, sino que volveremos a encontrar a nuestros seres amados que duermen en Jesús» (Mensajes selectos, t. 2, p. 297).
Enterramos a mi abuelita en México y luego regresamos a El Salvador. El hogar de mi tía se convirtió en mi hogar. Fue allí donde conocí el mensaje adventista y me bauticé. Desde hace unos veinticinco años sueño con volver a ver a mis hermanos y a mi madre, anhelo el momento en que Dios me permita abrazar a mis amados. Confía en las promesas del Señor, no desmayes en tus peticiones: Dios obrará en el momento adecuado.
«Cada oración sincera recibirá una contestación. Tal vez no llegue esta exactamente como deseáis, o cuando la esperéis; pero llegará de la manera y en la ocasión que mejor cuadren a vuestra necesidad. Las oraciones que eleváis en la soledad, en el cansancio, en la prueba, Dios las contestará, no siempre según lo esperabais, pero siempre para vuestro bien» (Obreros evangélicos, pp. 271-272).
Querido Señor, ayúdame a que mantenga firme mi esperanza, a confiar en que tú obrarás en el momento exacto para que tenga lugar ese encuentro tan esperado por mí.

Tomado de Meditaciones Matutinas para la mujer
Una cita especial
Textos compilados por Edilma de Balboa
Por Jessenia de Guzmán 

LA SUBASTA DEL DIABLO


Tú, Señor; me das luz; tú, Dios mío, alumbras mi oscuridad.  Salmo 18:28

Cuenta una fábula que cierta vez el diablo decidió retirarse después de tantos años de engañar a la gente. Hizo el anuncio público y también avisó que subastaría sus herramientas. Cuando llegó el día de la subasta, el local se llenó con gente de toda clase.
Allí, a la vista del público, se podía observar el arsenal del enemigo: los celos, la envidia, la calumnia, el apetito desordenado, el licor, las drogas, el tabaco, el odio... Había, sin embargo, una «herramienta» que no se exhibía con el resto. Estaba ubicada en un lugar especial. Su apariencia no era particularmente atractiva, pero su precio era muy superior al resto. ¿De qué se trataba?
Entonces el enemigo de las almas explicó: «Se trata de mi arma secreta. Durante años la he usado con éxito con toda clase de gente. Su valor radica en que me prepara el camino para hacer mi obra maligna sin dificultad».
—¿Y cómo se llama? —preguntó alguien.
—¿Qué otra cosa puede ser? —respondió el diablo—. Es el desánimo.
Dice la fábula que el diablo ni se retiró de su trabajo como engañador, ni vendió su arma favorita. Todavía hoy sigue usándola con la misma efectividad de siempre (adaptado de Signs of the Times [Señales de los tiempos], agosto de 2005, p. 29).
Es probable que ahora mismo, mientras lees estas líneas, las tinieblas del desaliento rodeen tu corazón. ¿Has sufrido algún fracaso sentimental? ¿No van bien las cosas en los estudios? ¿Te has peleado con tu mejor amigo o amiga? ¿Has experimentado algún rechazo en los últimos tiempos? ¿Tienes problemas con tus padres?
No hay nada de malo en que te sientas triste o desanimado, pero no permitas que el desaliento se apodere de ti. En primer lugar, porque con desanimarte no vas a solucionar ninguna de esas situaciones. En segundo, porque con tu desánimo estás mostrando desconfianza en el poder de Dios para satisfacer tus necesidades.
¿Qué tienes que hacer, entonces? Desecha esos pensamientos negativos. Elena G. de White escribe que resistir al desánimo es un deber tan positivo como el de orar (El ministerio de curación, p. 194). Piensa en todas las cosas buenas que Dios te ha dado y da gracias por ellas. Finalmente, por sobre todo, nunca olvides que Dios es la luz que alumbra tus momentos de oscuridad.
Gracias, Señor, porque tu luz alumbra mis momentos de oscuridad.

Tomado de Meditaciones Matutinas para jóvenes
Dímelo de frente
Por Fernando Zabala

EL AGUA ES ESENCIAL


«El que beba del agua que yo le daré no tendrá sed jamás sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna» (Juan 4:14).

La historia de este mundo comenzó con el agua. La Biblia nos dice que, en el principio, el mundo estaba oscuro, vacío y cubierto de agua.
Cuando creó la tierra seca, Dios todavía dejó una gran cantidad de agua porque es necesaria para sostener la vida. ¿Sabía que su cuerpo es agua en un 75%?
La Biblia nos dice que una vez hubo una inundación que cubrió todo el mundo. Aun después de que las aguas de aquella gran inundación se retiraran, dos tercios de la superficie terrestre todavía estaban cubiertas de agua. Puede verlo en cualquier mapamundi. El color azul representa el agua que nunca se secó.
Pero, ¿sabía usted que solo el 5% del agua del mundo es potable? Cerca del 2.5% está congelada en los glaciares y los casquetes polares y el 93% restante es el agua salada del mar. Por lo tanto, el 5% potable es muy precioso y raro. Sin ella, moriríamos. ¡Quizá por eso las botellas de agua sean tan caras! Seguro que tiene sed nada más de pensar en ello.  La Biblia habla mucho sobre el agua. Si desea una interesante actividad de sábado por la tarde, busque una buena concordancia (servirá la que está en las últimas páginas de su Biblia) y busque la palabra «agua». Descubrirá algunos textos e historias interesantes relacionados con ella.
En los tiempos bíblicos, la gente se peleaba por el agua (Lot y Abraham, por ejemplo). Aun hoy en día el agua es motivo de disputas entre la gente.
En el desierto, el agua fue una preocupación constante para los hijos de Israel. Asimismo, recuerde que Moisés perdió los estribos por un asunto relacionado con el líquido elemento. En la actualidad, algunas culturas todavía adoran el agua.
Jesús quiere darnos agua viva. «Cualquiera que beba de esta agua [del pozo] volverá a tener sed; pero el que beba del agua que yo le daré no tendrá sed jamás, sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna» (Juan 4:13, 14).
Señor, estamos sedientos; danos tu agua viva. Basado en Juan 4:5-26

Tomado de Meditaciones Matutinas
Tras sus huellas, El evangelio según Jesucristo
Por Richard O´Ffill

viernes, 2 de noviembre de 2012

ELLOS ESTÁN ESPERANDO


«La creación espera con gran impaciencia el momento en que se manifesté claramente que somos hijos de Dios» (Romanos 8: 19).

Piensa en todo lo que hemos hecho este año. Hemos recorrido casi toda la Biblia y contemplado una buena parte de la creación de Dios. ¡Ha sido un viaje maravilloso! Pero lee ahora el versículo de hoy. En él se dice que la creación espera con impaciencia que se manifieste que somos hijos de Dios. Esto significa que todas la cosas que Dios ha creado han sufrido por culpa del pecado y están esperando el día en que Jesús regrese para que todo sea renovado.
Ahora, ¿por qué Jesús está tardando tanto en regresar? La Biblia dice en 2 Pedro 3:9: «No es que el Señor se tarde en cumplir su promesa, como algunos suponen, sino que tiene paciencia con ustedes, pues no quiere que nadie muera, sino que todos se vuelvan a Dios». Como ves, Dios quiere que todos vayan al cielo. Desafortunadamente, no todos escogerán vivir eternamente con él. Pero a pesar de eso Dios sigue teniendo paciencia esperando que tú, yo y muchos otros decidamos aceptar su gracia y amor.
Vive cada día para Jesús. Muéstrale cuánto agradeces lo que él hizo por ti a morir en la cruz. Háblales a todos los que conoces de Jesús para que ni él ni la creación tengan que esperar tanto tiempo.

Tomado de Devocionales para menores
Explorando con Jesús
Por Jim Feldbush

LA VIDA ETERNA


El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida. (1 Juan 5:12).

Se ha dicho en numerosas ocasiones que la muerte es un misterio, y quizá por eso mismo muchas personas encuentran fascinante todo lo que tiene que ver con la muerte o con el más allá.
Para mí, la muerte adquirió un significado muy doloroso cuando falleció mi madre en el año 2007. Sus siete hijos y muchos de sus nietos y bisnietos estuvimos a su lado antes de que pasara al descanso. Todavía creo que no debió haber muerto, y que quizá lo hizo debido a algún error de los médicos, aunque por otra parte ya tenía una edad avanzada.  Mi madre respetaba concienzudamente los principios de la reforma pro salud y solía hacer caminatas cada mañana; rebosaba energía por cada poro. Murió precisamente doce días antes de cumplir ochenta y nueve años.
La muerte de un ser amado deja un vacío inmenso que es casi imposible de llenar. Sin embargo, nos consuela leer lo que dice el Salmo 145:20: «Jehová guarda a todos los que lo aman». Esa es mi esperanza bendita, algo que trae consuelo a mi vida: la certeza de que ella resucitará el día postrero y de que estará entre esa gran multitud para pasar la eternidad con nuestro Salvador. Mientras tanto, Dios nos guarda a mí y a los míos, si permanecemos en su amor.
Jesucristo, por medio de su sacrificio, ha eliminado el dominio de la muerte, el pecado, la enfermedad y el dolor. «"Él mismo tomó nuestras enfermedades y llevó nuestras dolencias" (Mat. 8:17) para atender a todo menester humano. Vino para quitar la carga de enfermedad, miseria y pecado. Era su misión ofrecer a los hombres completa restauración; vino para darles salud, paz y perfección de carácter» (El ministerio de curación, p. 11).
Salud, restauración, salvación, eternidad, eso es lo que Jesús quiere para nuestras vidas. Como el ciervo que brama por las aguas, busquemos la vida eterna, y estemos dispuestas a que el Espíritu Santo more en nosotras para de esa forma lograr la victoria, y un día ver de nuevo a nuestros amados.

Tomado de Meditaciones Matutinas para la mujer
Una cita especial
Textos compilados por Edilma de Balboa
Por Dalia Castrejón Castro

¿CÓMO QUIERES QUE TE RECUERDEN?


No hay que buscar el bien de uno mismo, sino el bien de los demás. 1 Corintios 10:24

Era el 3 de enero de 1950 cuando el padre de Peter le pidió que lo acompañara a visitar a un viejo amigo de su juventud, el famoso economista Joseph Schumpeter. Este hombre había sido ministro de economía en Austria; presidente de bancos; escritor de importantes libros sobre teoría económica; y profesor de distinguidas universidades, entre ellas Harvard.
Cuenta Peter que su papá y Joseph Schumpeter pasaron una velada muy agradable, recordando los viejos tiempos. Entonces, en un momento de la conversación, ocurrió algo que Peter nunca pudo olvidar. Con una sonrisa dibujada en su rostro, su papá le hizo a Joseph Schumpeter una pregunta muy curiosa:
—Joseph, ¿todavía sigues hablando de cómo quieres que te recuerden?
El caso es que cuando Joseph era joven solía decir a sus amigos: «Quiero que la gente me recuerde como el amante de las mujeres más hermosas de Europa; el mejor jinete; y también, quizás, como el economista más grande del mundo».
Ahora que esos días juveniles habían quedado atrás, la pregunta adquiría para Joseph un significado muy diferente.
—Todavía esta pregunta es importante para mí — respondió Joseph — . Solo que ahora la respondo de una manera muy diferente. Quiero que me recuerden como el maestro que ayudó a convertir a una media docena de estudiantes brillantes en economistas de primera clase.
Luego añadió:
—Que te recuerden por los libros y por las teorías que escribiste no es lo que cuenta. Uno no hace una contribución significativa en este mundo a menos que la haga en la vida de la gente (relato de Peter E Drucker en «My Life As a Knowledge Worker», Inc. Magazíne, febrero de 1997).
¡Qué interesante! Un famoso profesor de economía prefiere ser recordado, no por sus logros profesionales, sino por la influencia positiva que ejerció en la vida de sus alumnos.
Si algo nos enseña la experiencia de Joseph Schumpeter es que no son las cosas, ni las riquezas, ni los aplausos, lo que más cuenta en esta vida. Es la gente.
¿Qué podrías hacer hoy por un familiar, un amigo, un compañero de estudios, que le indique a esa persona lo mucho que significa para ti?
¿Qué podrías decir?
Me pregunto cómo nos recordará la gente cuando ni tu ni yo ya estaremos en este mundo.
Señor, que uno de mis mayores gozos sea servir a las almas por quienes Cristo murió.

Tomado de Meditaciones Matutinas para jóvenes
Dímelo de frente
Por Fernando Zabala

¿HECHIZADOS O CONVENCIDOS?


«Deje el impío su camino y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Jehová, el cual tendrá de él misericordia, al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar» (Isaías 55:7).

«Cuando Cristo es recibido como Salvador personal, la salvación viene al alma» (El Deseado de todas las gentes, cap. 61, p. 523). Sin embargo, el propósito del diablo es engañarnos para que creamos (1) que la salvación es demasiado complicada e imposible de alcanzar en esta vida o (2) que la salvación es tan fácil de conseguir que basta con desearla. Algunos no creen ninguna de estas ideas, aunque esperan que Dios obre un milagro en su vida, de manera que, sin mediar esfuerzo por su parte, los vuelva alérgicos al pecado y, por tanto, inmunes a la tentación. Entienden que el derramamiento del Espíritu Santo hará que el pecador se convierta en santo.

El Espíritu Santo no se sirve de una varita mágica para hechizarnos, sino que nos convence de pecado para cambiarnos. «La justicia de Cristo no es un manto para cubrir los pecados que no han sido confesados ni abandonados; es un principio de vida que transforma el carácter y rige la conducta. La santidad es integridad para con Dios: es la entrega total del corazón y la vida para que revelen los principios del cielo» (El Deseado de todas las gentes, cap. 61, p. 52).
Zaqueo aprendió que hacer de Jesús el Señor de su vida tenía un elevado precio. Sus recursos terrenales se desvanecieron. Perdió a sus amigos. Pero ganó para sí y para toda su familia el maravilloso regalo de la salvación. Ahora tenía un tesoro en el cielo.
Zaqueo recibió en su casa a Jesús, no solo como huésped, sino como su Salvador que viviría para siempre en su corazón y su hogar. Los escribas y los fariseos lo consideraban un pecador y criticaron a Jesús por ir a su casa. Pero el Señor le dijo a Zaqueo que ahora formaba parte de la familia de Dios. Porque «los que tienen fe, estos son hijos de Abraham» (Gal. 3:7).
Amado Jesús, gracias por hacer de mí un miembro de tu familia. Quiero invitarte para que vengas a mi casa; no para venir de visita y luego marcharte, sino para quedarte. Basado en Lucas 19:1-10

Tomado de Meditaciones Matutinas
Tras sus huellas, El evangelio según Jesucristo
Por Richard O´Ffill

miércoles, 31 de octubre de 2012

UN PERDÓN MÁS FUERTE QUE UN HURACÁN


«Poco después se nos vino encima un viento huracanado, llamado Nordeste, que venía desde la isla» (Hechos 27:14, NVI).

Sostén tu sombrero que hoy va a hacer mucho viento. Prácticamente voy a tener que gritarte para que puedas escuchar lo que te digo en medio de la tempestad. Si lees el versículo de hoy te darás cuenta de que estamos hablando de una tormenta muy fuerte llamada «Nordeste». Aunque la tormenta Nordeste de nuestro versículo tenía vientos con fuerza de huracán, este tipo de tormenta es diferente a un huracán.
Los huracanes se forman en aguas cálidas y la Nordeste viene de aguas frías. Pero algo sí tienen en común: ambas son muy fuertes y pueden causar mucho daño. La tormenta Nordeste del versículo de hoy era tan fuerte que destruyó el barco en el que viajaba Pablo. Él viajaba en ese barco como prisionero, y a pesar de ello, oró para que Dios protegiera a la tripulación. Finalmente todos se salvaron. 
Pablo seguramente ya había perdonado a los hombres que lo llevaban prisionero. Solo Dios pudo ayudarlo a hacer eso. Él no merecía estar encadenado, pues lo único que estaba haciendo era predicando las buenas nuevas de Jesús.
¿Necesitas perdonar hoy a alguien? Pídele a Dios que te ayude a hacerlo. Su perdón es más fuerte que un huracán.

Tomado de Devocionales para menores
Explorando con Jesús
Por Jim Feldbush

¿DÓNDE ESTÁN TUS RAÍCES?


No te jactes contra las ramas; y si te jactas, sabe que no sustentas tú a la raíz, sino la raíz a ti. (Romanos 11:18).

Al observar las bellezas que abundan en la naturaleza me viene a la mente el paralelismo utilizado por el salmista para referirse a los devotos hijos de Dios: «Será como árbol plantado junto a corrientes de agua, que da su fruto en su tiempo, y su hoja no cae y todo lo que hace prosperará» (Sal. 1:3).
Recuerda que una de las partes más importantes de un árbol son las raíces, porque por medio de ellas se mantiene firme ante las inclemencias del tiempo. Además que le permiten sustentarse obteniendo su alimento del suelo. Cuanto más profundas sean sus raíces, más firme estará; cuanto más cerca esté de una fuente de agua, más verde y más fuerte será. Aunque los vientos soplen con fuerza, nada lo moverá ni lo derribará.
Apreciada amiga, ¿has pensado alguna vez en las características de un hermoso árbol? ¿De un árbol frondoso que florece y da mucho fruto, representando una bendición para quienes pueden descansar bajo su sombra?
Sin embargo, es triste reconocer que algunos árboles van perdiendo su verdor: se marchitan, se secan y mueren, dejando un panorama de tristeza y desolación. ¿Por qué crees que les sucede eso? Probablemente porque no están recibiendo ni el alimento, ni el agua que necesitan para subsistir.
Hay muchas mujeres que se parecen a esos árboles: se ven hermosas porque tienen de todo, pero sus raíces no son profundas, no están en Cristo Jesús. Descuidan obtener el alimento necesario para que permanezcan su fragancia y su belleza espiritual. Sencillamente se secarán.
Querida amiga, ¡cuidado con los fuertes vientos que representan los problemas, las tentaciones y las seducciones del enemigo! No podremos permanecer firmes si nuestra vida no está arraigada en la roca viva que es Cristo Jesús. Cada mañana, busca tu alimento espiritual en las profundidades de la Palabra de Dios y la oración sincera.

Tomado de Meditaciones Matutinas para la mujer
Una cita especial
Textos compilados por Edilma de Balboa
Por Yolanda Fernández de Gómez

¿CÓMO RESISTIR?


Vivan de manera digna del Señor; agradándole en todo. Colosenses 1:10, NVI.

¿Te has preguntado por qué tus amigos en ocasiones ejercen tanta influencia sobre ti? En el fondo es porque, al igual que otros jóvenes, no deseas ser rechazado. La experiencia de Randy, según cuenta Josh McDowell, es un claro ejemplo de la presión que todo adolescente se ve obligado a enfrentar casi a diario.
Randy se acababa de mudar a un nuevo vecindario. Como ocurre en estos casos, por un tiempo se encontró sin amigos. Desesperado por «encajar» en el grupo comenzó por aceptar un cigarrillo, aunque él no fumaba. Mientras conversaba con los muchachos, dejaba que el cigarrillo se consumiera entre sus dedos, simulando fumar.
Cuando sus amigos se enteraron de que en las tardes Randy se quedaba solo en su casa, lo convencieron para que les permitiera reunirse allí, aunque él sabía que sus padres se lo habían prohibido. Un día uno de sus amigos llevó una caja de cervezas y Randy permitió que bebieran y fumaran en su casa.
La gota que rebosó el vaso se produjo cuando Randy fue arrestado por robar mercancía de una tienda. Sus amigos le dijeron que si no se atrevía, lo considerarían un cobarde, y él les quiso demostrar que no lo era. Cuando fue arrestado por el personal de seguridad de la tienda, sus «amigos» huyeron y lo dejaron solo con su problema (Handbook on Counseling Youth [Manual de consejería para jóvenes], p. 146).
¿Qué hacer, entonces, para resistir el poder del grupo? En su libro Stand up (Mantente firme), el escritor Bill Sanders hace varias sugerencias:

  1. Define cómo te percibes a ti mismo. ¿Te consideras un ser valioso, creado a la semejanza de Dios, o un títere de los demás?
  2. Escoge bien tus amistades.
  3. Formúlate algunas preguntas importantes. Por ejemplo: ¿Me sentiré bien conmigo mismo después de hacer esto? ¿Haría esto si mis padres estuvieran aquí? ¿Me gustaría que este hecho apareciera en el periódico? ¿Tendré un mejor futuro si lo hago?

Sanders afirma que si cualquiera de las respuestas a estas últimas preguntas es no, entonces la actividad propuesta por el grupo no es buena. Más importante aún, no son amigos quienes te presionan a hacer lo malo. Los verdaderos amigos le ayudan a ser mejor persona, no peor.
Señor, capacítame para hacer lo que te agrada a ti, no a los demás.

Tomado de Meditaciones Matutinas para jóvenes
Dímelo de frente
Por Fernando Zabala

VEN CONMIGO A CASA, JESÚS


«Ojalá siempre tuvieran tal corazón, que me temieran y guardaran todos los días todos  mis mandamientos, para que a ellos y a sus hijos les fuera bien para siempre!» (Deuteronomio 5: 29).

Zaqueo era un judío que recaudaba impuestos para el gobierno romano. Sus propios paisanos lo odiaban porque se había enriquecido con los impuestos que les cobraba de manera fraudulenta.
Cierto día, Zaqueo, sabiendo que Jesús pasaría por Jericó, su ciudad, quiso ver qué aspecto tenía. Su corta estatura no le permitía ver por encima de las cabezas de los que lo rodeaban. Aunque debió sentir vergüenza, trepó a un árbol para poder tener buena visión de lo que sucedía. Con todo, imagine cómo debió sentirse cuando Jesús, deteniéndose debajo del árbol, dijo: «Zaqueo, baja que quiero ir a tu casa». En aquel mismo lugar y preciso instante el odiado publicano le entregó su corazón.
Inmediatamente, Zaqueo anunció que repararía el daño que había causado a quienes había ofendido.  Entonces nadie podría decir: «Aunque ese individuo parezca una buena persona jamás olvidaré el día en que me estafó». Jesús dijo que, aquel mismo día, la salvación había entrado en casa de Zaqueo.
La salvación es inmediata. Por las palabras de Jesús sabemos que basta un instante para que la salvación entre en el corazón de una persona. Por más que la santificación sea obra de toda una vida, la salvación se declara en un instante. En un instante el alma puede pasar de la más absoluta oscuridad a la luz. Al principio, la luz no es tan intensa como al mediodía. ¿Quién de nosotros puede decir que hemos llegado a ese punto? Sin embargo, en el momento en que nos alejamos del pecado y miramos a Jesús, la luz empieza a alcanzar todos los rincones.
La salvación es visible. Jesús la vio en Zaqueo y este la vio en sí mismo. Aquel día, todos los que estaban alrededor del árbol vieron el cambio que se había operado en él. Nadie puede ser salvo sin que todo el mundo vea el cambio que se produce en su interior.
Usted y yo no tenemos que subir a un árbol para ver a Jesús. Podemos verlo cada día en su Palabra.
Jesús, gracias por aceptar vivir en mi corazón. No quiero solamente que te quedes en mi corazón, sino que vivas en casa, conmigo. Quiero que la salvación venga a mi casa y a mi familia.  Basado en Lucas 19:1-10.

Tomado de Meditaciones Matutinas
Tras sus huellas, El evangelio según Jesucristo
Por Richard O´Ffill

martes, 30 de octubre de 2012

¡MMM DELICIOSO!


«Después comió y recobró las fuerzas, y se quedó algunos días con los creyentes que vivían en Damasco» (Hechos 9:19).

Hablemos un poco sobre la comida ideal para ir de excursión. ¿Qué comida llevarías en tu mochila para una caminata? ¿Tal vez sopas instantáneas, o frutas secas, o barras energizantes? ¿Qué? ¿No te suena muy bien? ¿Cuál es tu comida favorita? ¿Pasta? ¿Palomitas de maíz? ¿Frutillas frescas? Sea cual fuere, me imagino que te sientes feliz tras comerlas. Te dan fuerzas, ¿verdad?
El versículo de hoy nos habla de Saulo, quien más tarde se convirtió en Pablo. Él estaba débil debido a su encuentro con Dios. De hecho, cuando esto ocurrió él iba a matar a algunos cristianos. Su encuentro con Dios prácticamente le quitó las fuerzas. Sin embargo, después de otros encuentros con Dios, descansar y alimentarse bien, recuperó sus energías y ahora era un hombre renovado.
La comida nos da las vitaminas, minerales y otros nutrientes que necesitamos para que nuestro cuerpo funcione correctamente. Y permanecer cerca de Dios te da todo lo que necesitas para ser un cristiano fuerte y saludable espiritualmente. Así que no olvides hoy obtener tu alimento espiritual de la Palabra de Dios y hacerte fuerte en él.

Tomado de Devocionales para menores
Explorando con Jesús
Por Jim Feldbush

CREADAS CON UN PROPÓSITO


El que halla esposa halla el bien, y alcanza la benevolencia de Jehová. (Proverbios 18:22).

La biblia nos dice que «por su palabra fueron hechas todas las cosas». El mismo Dios quedó complacido ante sus obras, ya que cada una de ellas fue hecha perfecta en su género.
El hombre y la mujer representan una obra única, creados «a imagen de Dios, un poquito menor que los ángeles». El hombre fue formado del polvo de la tierra y la mujer de la costilla del hombre, con un propósito y con una finalidad. Es hermoso saber que fuimos creados para algo; cada uno con su potencial y sus habilidades, aunque también con limitaciones.
Adán enfrentó una primera crisis de identidad cuando, al poner nombre a todos los animales, se encontró solo. No había ayuda idónea para él. En un acto de amor, Dios hizo caer sueño sobre Adán. Luego le extrajo una costilla e hizo a la mujer, y se la trajo como compañera. Alguien que podría identificarse en todo con él.
Desde el punto de vista del sabio Salomón la mujer inteligente es ejemplar (Prov. 31:10-31). Sin embargo, el sabio pregunta: «¿Quién la hallará?». ¿Acaso es que no es posible? Él mismo responde: «El que encuentra esposa encuentra el bien y alcanza la benevolencia de Jehová» (Prov. 18: 22). Luego añade: «La casa y las riquezas, herencia son de los padres, pero de Jehová es la mujer prudente» (Prov. 19: 14). Los tiempos han cambiado, es cierto, pero el papel de la mujer como ayuda idónea para el desem¬peño de los pueblos sigue siendo el mismo.
La historia registra que desde épocas pasadas el papel de la mujer ha tenido grandes y pequeños momentos. Mana, Débora, Esther, Ruth y muchas otras supieron asumir su identidad y sus responsabilidades. Es por eso que hoy la mujer debe ser considerada en virtud de sus oportunidades, así como una fiel e inteligente compañera. Debemos responder a las inquietantes expectativas del mundo en que nos toca vivir, reconociendo que el papel de la mujer es de vital importancia para el desarrollo de las presentes y futuras generaciones.
Tú y yo debemos ocupar nuestro lugar para cumplir el propósito divino; el propósito para el cual hemos sido creadas.

Tomado de Meditaciones Matutinas para la mujer
Una cita especial
Textos compilados por Edilma de Balboa
Por Coraduma Escobar de Villareal

«¿YO, UN FRACASO?»


Te basta con mi gracia, pues mi poder se perfecciona en la debilidad. 2 Corintios 12:9, NVI

¿Te has sentido alguna vez como un fracasado? ¿O que el aporte que haces al bienestar de tu familia, tu colegio o tu iglesia es nulo? Todos hemos estado ahí. Y la sensación no es nada agradable. Pero hay un conocido relato que nos puede ayudar.
Se cuenta de un sembrador que cada mañana acostumbraba a buscar agua de un río. Con él llevaba dos baldes. Uno nuevo, sin defectos. El otro, viejo y lleno de huecos. El balde nuevo permitía que el sembrador llevara a su casa toda la cantidad de agua que recogía. El viejo, en cambio, derramaba la mitad del contenido a lo largo del camino. Por supuesto, el nuevo sentía que era útil. El viejo se sentía fracasado.
Un día, la autoestima del balde horadado alcanzó su punto más bajo.
—Mi vida es un fracaso — dijo al sembrador — . Le pido disculpas por no hacer bien mi trabajo.
—¿Por qué me pides disculpas? — preguntó asombrado el sembrador.
—¿No se ha dado usted cuenta? Cuando regresamos del río derramo la mitad del agua en el trayecto a casa.
En ese momento, el sembrador, sonriendo gentilmente, llevó al atribulado balde al río. De regreso, mientras recorrían la ruta acostumbrada, el hombre le pidió que observara con atención las hermosas flores del camino.
—¿Te das cuenta de que solo hay flores de este lado del camino? — preguntó el sembrador.
—Pues, sí. ¿Pero qué hay de especial en ello?
—Lo especial es que han crecido gracias al agua que tú derramas cada mañana.
Todo este tiempo yo he sabido de tus huecos. Por eso sembré semillas de distintas flores solamente de este lado del camino.
Al compararte con tus amigos, ¿desearías poseer algunas de sus virtudes? ¿A veces sientes que los envidias? Escucha bien: Dios no se equivocó al crearte. Él es muy sabio como para malgastar su tiempo creando algo inservible. Aun tus aparentes «defectos», en manos de Dios, pueden lograr maravillas. Por lo tanto, colócate en sus manos y pídele que haga de ti un instrumento útil, listo para lo que venga, capaz de cumplir cabalmente su misión en esta vida. A fin de cuentas, ¿no dice Dios que su poder se perfecciona en la debilidad?

Señor, usa hoy mis virtudes y también mis defectos, de un modo que glorifiquen tu nombre.

Tomado de Meditaciones Matutinas para jóvenes
Dímelo de frente
Por Fernando Zabala

UN HOSPITAL PARA PECADORES


«Id pues y aprended lo que significa: "Misericordia quiero y no sacrificios", porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento». (Mateo 9:13).

Probablemente usted haya escuchado la expresión: «La iglesia no es una casa de reposo para santos, sino un hospital para pecadores». Durante años, yo no entendía lo que eso significaba. Entendía, sí, que la iglesia no es una casa de reposo. Los que queremos ser santos no tenemos que pensar en la iglesia como en un lugar al que ir, sentarse en una mecedora y dejar que los demás se ocupen de uno. Nunca tenemos que abandonar el servicio cristiano. Pero no tenía claro por qué la iglesia es un hospital para pecadores. Pensaba que significaba que si alguien quiere pecar tiene que ir a la iglesia.
Pero no se trata de eso. Quien está enfermo va al hospital para que lo cuiden y lo curen mientras está ingresado y luego vuelve a hacer vida normal. La gente no se retira a descansar en los hospitales. Un hospital no es una residencia. Todos somos pecadores y la iglesia es donde vamos a curarnos por la gracia de Jesús.
Si bien la iglesia no es una casa de reposo para santos, tampoco es un asilo para pecadores. Una de las funciones de los asilos es acoger a enfermos terminales para que pasen sus últimos días. Pero la iglesia no es un lugar donde los pecadores vienen a quedarse tal como están hasta que mueren. El evangelio de Jesús no nos salva con nuestros pecados, o a pesar de nuestros pecados, sino de nuestros pecados.  (Mat. 1:21).
Cuando nos convencemos de pecado, nos damos cuenta de que no podemos continuar tal como estamos. También sabemos que Dios no excusa nuestros pecados como si no pasara nada. Dios sería débil o injusto si permitiera que persistamos en nuestros pecados. Que, al perdonar nuestros pecados, Dios nos dé una vida nueva y santa es algo magnífico. El apóstol Pablo escribió: «¿Qué, pues, diremos? ¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde? ¡De ninguna manera! Porque los que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él?» (Rom. 6:1-2).
Al fin y al cabo, tanto los que se pierden como los salvados tienen algo en común: todos son pecadores.  La diferencia fundamental será que los salvados querían salir del pecado y Jesús los salvó. Los perdidos disfrutaban con el pecado y rechazaron la cura que, misericordiosamente, les ofreció Jesús. Basado en Lucas 19:1-10.

Tomado de Meditaciones Matutinas
Tras sus huellas, El evangelio según Jesucristo
Por Richard O´Ffill

lunes, 29 de octubre de 2012

LA TIERRA PROMETIDA


«Y él contestó: "Hermanos y padres, escúchenme: Nuestro glorioso Dios se mostró a nuestro antepasado Abraham cuando estaba en Mesopotamia, antes que se fuera a vivir a Harán"» (Hechos 7:2).

¿Recuerdas a Abraham? Él es el personaje bíblico a quien Dios le pidió que sacrificara a su hijo Isaac. Esa debe de haber sido una difícil decisión para él. Me alegra mucho saber que Dios no quería realmente que Abraham hiciera eso.
Dios le pidió a Abraham que hiciera muchas cosas difíciles. Nuestro versículo de hoy dice que Abraham vivió una vez en Mesopotamia, y que Dios le pidió que se fuera de allí. Eso no debe de haber sido nada fácil para él. Mesopotamia era una bella tierra situada entre dos ríos. Estos ríos se desbordaban y enriquecían el terreno para el cultivo. Dios le pidió a Abraham que abandonara ese hermoso lugar y que cruzara el desierto. Y Dios lo bendijo por su obediencia llevándolo a la Tierra Prometida, un lugar de abundancia que Dios le había prometido a su pueblo.
Dios también quiere bendecirte a ti. Yo no sé cómo, pero lo hará. Las cosas no siempre van a ser fáciles, tal vez tendrás que atravesar un desierto, pero de algo sí estoy seguro: si confías en Dios, él te llevará un día a la Tierra Prometida, un lugar conocido como el cielo.

Tomado de Devocionales para menores
Explorando con Jesús
Por Jim Feldbush

DIOS ENJUGARÁ TODA LÁGRIMA


Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron. (Apocalipsis 21:4)

Dos años después de graduarme de la secundaria conocí a Roberto. Después de haber regresado a California decidí que no iba a casarme con un «gringo»; sin embargo, cuando mis ojos se cruzaron con aquella mirada tierna y profunda, me pareció que había encontrado a mi alma gemela. Todo aquello fue despertando en mí un cariño que me aprisionó con lazos de amor.
Nunca pensé que nuestras vidas pudieran unirse. Fue rápida la decisión de Roberto de entregar su vida al Señor. Un año después nos casamos. Fue el comienzo de veinticinco años de felicidad. Nunca hubo una queja en sus labios ni una crítica en contra de nadie. Mi esposo luchó contra una enfermedad llamada esclerosis múltiple y a pesar de que su salud se encontraba en deterioro, nuestro amor iba aumentando.
Mediante su apoyo conseguí sanar algunas heridas emocionales y cursar otros estudios. Roberto fue mi tutor en biofísica y en química, ya que era ingeniero con una especialidad en aeronáutica. Gracias a él entendí el amor de Cristo por su iglesia. Roberto me amó y fortaleció mi autoestima al proveerme un entorno de seguridad. Era un roble, aunque de espíritu dulce y fiel. Su vida fue un ejemplo del amor de Dios. Llegamos a ser verdaderamente uno, sin perder nuestra individualidad.
Ahora él descansa, tras haber dejado un vacío enorme en mi vida. Sin embargo, Cristo pudo llenarlo al darme un hijo, y a otras personas amadas que le dan sentido a mi existencia. Volví a encontrar al Cristo de mi juventud. Ahora dependo totalmente de él; en la cima del monte o en los momentos difíciles, me aferró a sus palabras.
Haz hoy tuyas sus promesas. Recuerda que: «Cualquiera que sea nuestra perplejidad, nuestro pesar, luto, o soledad, tenemos un Amigo que simpatiza con nosotros [...]. Nadie tiene por qué entregarse al desaliento ni a la desesperación» (El ministerio de curación, p. 192).
Permite que ese amigo te abrace y te fortalezca. Únicamente Jesús puede devolvernos el gozo, y ayudarnos a resistir la melancolía. Recuerda que un día no habrá más lágrimas, ni muerte ni dolor.

Tomado de Meditaciones Matutinas para la mujer
Una cita especial
Textos compilados por Edilma de Balboa
Por Eva Pérez Davis

LA FACTURA LLEGA TARDE O TEMPRANO


Algún día les llegará el castigo por ese pecado. Números 32:23.

Alejandra no tenía suficiente dinero para comprar ese costoso gato que le habían ofrecido, pero acostumbrada como estaba a salirse con la suya, ideó un plan. Falsificaría un cheque de su padre y compraría el animal. Y así lo hizo.
El problema fue que el plan no funcionó. Su padre se da cuenta de que le falta un cheque, descubre que ella lo ha robado y la amenaza para que le devuelva su dinero. Desesperada, Alejandra contacta al joven a quien le compró el gato y le pide que se encuentren en un lugar conocido. El joven va acompañado de un amigo. Ya reunidos, le pide anular el negocio. Cuando el muchacho se niega, Alejandra saca una pistola y le dispara a quemarropa. Después le dispara también al amigo. Lo que comenzó como una pequeña travesura, terminó con la muerte de dos jóvenes y con una muchacha de apenas 19 años recluida en la cárcel por homicidio intencional calificado.
¿Cuándo comenzó «el infierno» de Alejandra? Cada vez que hacía algo malo, y creía salirse con la suya, estaba aumentando su deuda con el pecado. ¡Y el pecado finalmente le pasó la factura!
El que roba una vez sin ser descubierto, cree haberse salido con la suya. Y así piensa el que comete fraude en sus informes o en sus exámenes, mientras no es descubierto. O quien dice mentira tras mentira sin aparentes consecuencias negativas. Por un tiempo todo parece funcionar bien, pero tarde o temprano, el pecado pasa la factura. ¿Por qué es así?
En primer lugar, porque las acciones repetidas forman hábitos, y los hábitos forman el carácter. El psicólogo William James explica: «Hasta la más pequeña virtud o vicio deja una huella permanente. [...]. Desde el punto de vista estrictamente científico, nada de los que hacemos se borra (citado por Sergio V. Collins en La personalidad triunfadora del joven moderno, p. 48).
En segundo término, porque lo bueno o lo malo que pensamos o hacemos prepara el camino para pensamientos y acciones similares.
¿Cómo evitar que el pecado nos pase la factura? Elena G. de White responde: «Estamos seguros solo al seguir por donde Cristo nos dirige. Si no hemos de cometer pecado, hemos de evitarlo desde sus comienzos» (Mente, Carácter y personalidad, t. 1, p. 333, el destacado es nuestro).
Dios mío, que tu Santo Espíritu me ayude a rechazar el mal desde el primer momento.

Tomado de Meditaciones Matutinas para jóvenes
Dímelo de frente
Por Fernando Zabala

EL GOBERNANTE ACONGOJADO


Y cualquiera que haya dejado casas, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o mujer, o hijos, o tierras, por mi nombre, recibirá cien veces más, y heredará la vida eterna. (Mateo 19:29).

El joven rico había estado observando cómo Jesús bendecía a los niños y su corazón fue tocado. Tenía una elevada opinión de sí mismo; sin embargo, sentía que algo le faltaba. A lo mejor, si Jesús ponía también sus manos sobre él y lo bendecía... Arrodillado a sus pies, le planteó la gran pregunta que tendría que preocuparnos a todos y cada uno de nosotros: «¿Qué me falta para ganar el cielo?». Le hizo la pregunta a la persona correcta. Solo hay una manera de llegar al cielo y es a través de Cristo.
Jesús le dijo al joven que, si quería la vida eterna, era necesaria la obediencia a los mandamientos de Dios; a lo cual, el dignatario le respondió que eso ya lo hacía desde su niñez. Si el dignatario hubiese entendido el alcance y la naturaleza espiritual de la ley y las obras de su corazón, habría dicho: «Todo eso lo he quebrantado desde mi juventud con el pensamiento, con las palabras y con los actos».
Si el dignatario hubiera amado de verdad a lo habría abandonado todo y lo habría seguido, costase lo que costase. Si realmente hubiera amado a sus hermanos, habría distribuido sus riquezas entre los pobres. Si hubiera abandonado el mundo realmente, no habría dudado en vender sus posesiones. Si realmente hubiera querido ir al cielo, no habría buscado otra cosa que hacerse un tesoro en él.
Hay mucha buena gente a la que un solo pecado le impedirá acceder a la salvación. Muchos que jamás dejarían a Jesús, de hecho, ya lo están dejando. Después de largo tiempo debatiéndose entre sus convicciones y sus corrupciones, estas últimas acaban por ganar la batalla. Los entristece sobremanera no poder servir a la vez a Dios y al dinero. En el camino al cielo, las riquezas son para muchos un gran obstáculo. Si el dignatario no hubiese sido tan rico, lo habría dejado todo y habría seguido a Cristo.
Quienes han renunciado a una herencia y a la familia por causa del reino de Dios gozarán del consuelo del Espíritu Santo, del placer de la comunión con Dios y una conciencia tranquila; ventajas que pagan con creces la pérdida. Sin embargo, eso no es todo; en el mundo venidero recibirán la vida eterna. Basado en Lucas 18:18-23.

Tomado de Meditaciones Matutinas
Tras sus huellas, El evangelio según Jesucristo
Por Richard O´Ffill