El Libro Para Ti

El Libro Para Ti
En estas cartas, escritas en lenguaje paternal, los jóvenes encontrarán mensajes de valor permanente, advertencias y estímulos para alcanzar metas e ideales elevados, y sobre todo, el consejo para permanecer fieles a los supremos valores éticos y morales.

miércoles, 31 de octubre de 2012

UN PERDÓN MÁS FUERTE QUE UN HURACÁN


«Poco después se nos vino encima un viento huracanado, llamado Nordeste, que venía desde la isla» (Hechos 27:14, NVI).

Sostén tu sombrero que hoy va a hacer mucho viento. Prácticamente voy a tener que gritarte para que puedas escuchar lo que te digo en medio de la tempestad. Si lees el versículo de hoy te darás cuenta de que estamos hablando de una tormenta muy fuerte llamada «Nordeste». Aunque la tormenta Nordeste de nuestro versículo tenía vientos con fuerza de huracán, este tipo de tormenta es diferente a un huracán.
Los huracanes se forman en aguas cálidas y la Nordeste viene de aguas frías. Pero algo sí tienen en común: ambas son muy fuertes y pueden causar mucho daño. La tormenta Nordeste del versículo de hoy era tan fuerte que destruyó el barco en el que viajaba Pablo. Él viajaba en ese barco como prisionero, y a pesar de ello, oró para que Dios protegiera a la tripulación. Finalmente todos se salvaron. 
Pablo seguramente ya había perdonado a los hombres que lo llevaban prisionero. Solo Dios pudo ayudarlo a hacer eso. Él no merecía estar encadenado, pues lo único que estaba haciendo era predicando las buenas nuevas de Jesús.
¿Necesitas perdonar hoy a alguien? Pídele a Dios que te ayude a hacerlo. Su perdón es más fuerte que un huracán.

Tomado de Devocionales para menores
Explorando con Jesús
Por Jim Feldbush

¿DÓNDE ESTÁN TUS RAÍCES?


No te jactes contra las ramas; y si te jactas, sabe que no sustentas tú a la raíz, sino la raíz a ti. (Romanos 11:18).

Al observar las bellezas que abundan en la naturaleza me viene a la mente el paralelismo utilizado por el salmista para referirse a los devotos hijos de Dios: «Será como árbol plantado junto a corrientes de agua, que da su fruto en su tiempo, y su hoja no cae y todo lo que hace prosperará» (Sal. 1:3).
Recuerda que una de las partes más importantes de un árbol son las raíces, porque por medio de ellas se mantiene firme ante las inclemencias del tiempo. Además que le permiten sustentarse obteniendo su alimento del suelo. Cuanto más profundas sean sus raíces, más firme estará; cuanto más cerca esté de una fuente de agua, más verde y más fuerte será. Aunque los vientos soplen con fuerza, nada lo moverá ni lo derribará.
Apreciada amiga, ¿has pensado alguna vez en las características de un hermoso árbol? ¿De un árbol frondoso que florece y da mucho fruto, representando una bendición para quienes pueden descansar bajo su sombra?
Sin embargo, es triste reconocer que algunos árboles van perdiendo su verdor: se marchitan, se secan y mueren, dejando un panorama de tristeza y desolación. ¿Por qué crees que les sucede eso? Probablemente porque no están recibiendo ni el alimento, ni el agua que necesitan para subsistir.
Hay muchas mujeres que se parecen a esos árboles: se ven hermosas porque tienen de todo, pero sus raíces no son profundas, no están en Cristo Jesús. Descuidan obtener el alimento necesario para que permanezcan su fragancia y su belleza espiritual. Sencillamente se secarán.
Querida amiga, ¡cuidado con los fuertes vientos que representan los problemas, las tentaciones y las seducciones del enemigo! No podremos permanecer firmes si nuestra vida no está arraigada en la roca viva que es Cristo Jesús. Cada mañana, busca tu alimento espiritual en las profundidades de la Palabra de Dios y la oración sincera.

Tomado de Meditaciones Matutinas para la mujer
Una cita especial
Textos compilados por Edilma de Balboa
Por Yolanda Fernández de Gómez

¿CÓMO RESISTIR?


Vivan de manera digna del Señor; agradándole en todo. Colosenses 1:10, NVI.

¿Te has preguntado por qué tus amigos en ocasiones ejercen tanta influencia sobre ti? En el fondo es porque, al igual que otros jóvenes, no deseas ser rechazado. La experiencia de Randy, según cuenta Josh McDowell, es un claro ejemplo de la presión que todo adolescente se ve obligado a enfrentar casi a diario.
Randy se acababa de mudar a un nuevo vecindario. Como ocurre en estos casos, por un tiempo se encontró sin amigos. Desesperado por «encajar» en el grupo comenzó por aceptar un cigarrillo, aunque él no fumaba. Mientras conversaba con los muchachos, dejaba que el cigarrillo se consumiera entre sus dedos, simulando fumar.
Cuando sus amigos se enteraron de que en las tardes Randy se quedaba solo en su casa, lo convencieron para que les permitiera reunirse allí, aunque él sabía que sus padres se lo habían prohibido. Un día uno de sus amigos llevó una caja de cervezas y Randy permitió que bebieran y fumaran en su casa.
La gota que rebosó el vaso se produjo cuando Randy fue arrestado por robar mercancía de una tienda. Sus amigos le dijeron que si no se atrevía, lo considerarían un cobarde, y él les quiso demostrar que no lo era. Cuando fue arrestado por el personal de seguridad de la tienda, sus «amigos» huyeron y lo dejaron solo con su problema (Handbook on Counseling Youth [Manual de consejería para jóvenes], p. 146).
¿Qué hacer, entonces, para resistir el poder del grupo? En su libro Stand up (Mantente firme), el escritor Bill Sanders hace varias sugerencias:

  1. Define cómo te percibes a ti mismo. ¿Te consideras un ser valioso, creado a la semejanza de Dios, o un títere de los demás?
  2. Escoge bien tus amistades.
  3. Formúlate algunas preguntas importantes. Por ejemplo: ¿Me sentiré bien conmigo mismo después de hacer esto? ¿Haría esto si mis padres estuvieran aquí? ¿Me gustaría que este hecho apareciera en el periódico? ¿Tendré un mejor futuro si lo hago?

Sanders afirma que si cualquiera de las respuestas a estas últimas preguntas es no, entonces la actividad propuesta por el grupo no es buena. Más importante aún, no son amigos quienes te presionan a hacer lo malo. Los verdaderos amigos le ayudan a ser mejor persona, no peor.
Señor, capacítame para hacer lo que te agrada a ti, no a los demás.

Tomado de Meditaciones Matutinas para jóvenes
Dímelo de frente
Por Fernando Zabala

VEN CONMIGO A CASA, JESÚS


«Ojalá siempre tuvieran tal corazón, que me temieran y guardaran todos los días todos  mis mandamientos, para que a ellos y a sus hijos les fuera bien para siempre!» (Deuteronomio 5: 29).

Zaqueo era un judío que recaudaba impuestos para el gobierno romano. Sus propios paisanos lo odiaban porque se había enriquecido con los impuestos que les cobraba de manera fraudulenta.
Cierto día, Zaqueo, sabiendo que Jesús pasaría por Jericó, su ciudad, quiso ver qué aspecto tenía. Su corta estatura no le permitía ver por encima de las cabezas de los que lo rodeaban. Aunque debió sentir vergüenza, trepó a un árbol para poder tener buena visión de lo que sucedía. Con todo, imagine cómo debió sentirse cuando Jesús, deteniéndose debajo del árbol, dijo: «Zaqueo, baja que quiero ir a tu casa». En aquel mismo lugar y preciso instante el odiado publicano le entregó su corazón.
Inmediatamente, Zaqueo anunció que repararía el daño que había causado a quienes había ofendido.  Entonces nadie podría decir: «Aunque ese individuo parezca una buena persona jamás olvidaré el día en que me estafó». Jesús dijo que, aquel mismo día, la salvación había entrado en casa de Zaqueo.
La salvación es inmediata. Por las palabras de Jesús sabemos que basta un instante para que la salvación entre en el corazón de una persona. Por más que la santificación sea obra de toda una vida, la salvación se declara en un instante. En un instante el alma puede pasar de la más absoluta oscuridad a la luz. Al principio, la luz no es tan intensa como al mediodía. ¿Quién de nosotros puede decir que hemos llegado a ese punto? Sin embargo, en el momento en que nos alejamos del pecado y miramos a Jesús, la luz empieza a alcanzar todos los rincones.
La salvación es visible. Jesús la vio en Zaqueo y este la vio en sí mismo. Aquel día, todos los que estaban alrededor del árbol vieron el cambio que se había operado en él. Nadie puede ser salvo sin que todo el mundo vea el cambio que se produce en su interior.
Usted y yo no tenemos que subir a un árbol para ver a Jesús. Podemos verlo cada día en su Palabra.
Jesús, gracias por aceptar vivir en mi corazón. No quiero solamente que te quedes en mi corazón, sino que vivas en casa, conmigo. Quiero que la salvación venga a mi casa y a mi familia.  Basado en Lucas 19:1-10.

Tomado de Meditaciones Matutinas
Tras sus huellas, El evangelio según Jesucristo
Por Richard O´Ffill

martes, 30 de octubre de 2012

¡MMM DELICIOSO!


«Después comió y recobró las fuerzas, y se quedó algunos días con los creyentes que vivían en Damasco» (Hechos 9:19).

Hablemos un poco sobre la comida ideal para ir de excursión. ¿Qué comida llevarías en tu mochila para una caminata? ¿Tal vez sopas instantáneas, o frutas secas, o barras energizantes? ¿Qué? ¿No te suena muy bien? ¿Cuál es tu comida favorita? ¿Pasta? ¿Palomitas de maíz? ¿Frutillas frescas? Sea cual fuere, me imagino que te sientes feliz tras comerlas. Te dan fuerzas, ¿verdad?
El versículo de hoy nos habla de Saulo, quien más tarde se convirtió en Pablo. Él estaba débil debido a su encuentro con Dios. De hecho, cuando esto ocurrió él iba a matar a algunos cristianos. Su encuentro con Dios prácticamente le quitó las fuerzas. Sin embargo, después de otros encuentros con Dios, descansar y alimentarse bien, recuperó sus energías y ahora era un hombre renovado.
La comida nos da las vitaminas, minerales y otros nutrientes que necesitamos para que nuestro cuerpo funcione correctamente. Y permanecer cerca de Dios te da todo lo que necesitas para ser un cristiano fuerte y saludable espiritualmente. Así que no olvides hoy obtener tu alimento espiritual de la Palabra de Dios y hacerte fuerte en él.

Tomado de Devocionales para menores
Explorando con Jesús
Por Jim Feldbush

CREADAS CON UN PROPÓSITO


El que halla esposa halla el bien, y alcanza la benevolencia de Jehová. (Proverbios 18:22).

La biblia nos dice que «por su palabra fueron hechas todas las cosas». El mismo Dios quedó complacido ante sus obras, ya que cada una de ellas fue hecha perfecta en su género.
El hombre y la mujer representan una obra única, creados «a imagen de Dios, un poquito menor que los ángeles». El hombre fue formado del polvo de la tierra y la mujer de la costilla del hombre, con un propósito y con una finalidad. Es hermoso saber que fuimos creados para algo; cada uno con su potencial y sus habilidades, aunque también con limitaciones.
Adán enfrentó una primera crisis de identidad cuando, al poner nombre a todos los animales, se encontró solo. No había ayuda idónea para él. En un acto de amor, Dios hizo caer sueño sobre Adán. Luego le extrajo una costilla e hizo a la mujer, y se la trajo como compañera. Alguien que podría identificarse en todo con él.
Desde el punto de vista del sabio Salomón la mujer inteligente es ejemplar (Prov. 31:10-31). Sin embargo, el sabio pregunta: «¿Quién la hallará?». ¿Acaso es que no es posible? Él mismo responde: «El que encuentra esposa encuentra el bien y alcanza la benevolencia de Jehová» (Prov. 18: 22). Luego añade: «La casa y las riquezas, herencia son de los padres, pero de Jehová es la mujer prudente» (Prov. 19: 14). Los tiempos han cambiado, es cierto, pero el papel de la mujer como ayuda idónea para el desem¬peño de los pueblos sigue siendo el mismo.
La historia registra que desde épocas pasadas el papel de la mujer ha tenido grandes y pequeños momentos. Mana, Débora, Esther, Ruth y muchas otras supieron asumir su identidad y sus responsabilidades. Es por eso que hoy la mujer debe ser considerada en virtud de sus oportunidades, así como una fiel e inteligente compañera. Debemos responder a las inquietantes expectativas del mundo en que nos toca vivir, reconociendo que el papel de la mujer es de vital importancia para el desarrollo de las presentes y futuras generaciones.
Tú y yo debemos ocupar nuestro lugar para cumplir el propósito divino; el propósito para el cual hemos sido creadas.

Tomado de Meditaciones Matutinas para la mujer
Una cita especial
Textos compilados por Edilma de Balboa
Por Coraduma Escobar de Villareal

«¿YO, UN FRACASO?»


Te basta con mi gracia, pues mi poder se perfecciona en la debilidad. 2 Corintios 12:9, NVI

¿Te has sentido alguna vez como un fracasado? ¿O que el aporte que haces al bienestar de tu familia, tu colegio o tu iglesia es nulo? Todos hemos estado ahí. Y la sensación no es nada agradable. Pero hay un conocido relato que nos puede ayudar.
Se cuenta de un sembrador que cada mañana acostumbraba a buscar agua de un río. Con él llevaba dos baldes. Uno nuevo, sin defectos. El otro, viejo y lleno de huecos. El balde nuevo permitía que el sembrador llevara a su casa toda la cantidad de agua que recogía. El viejo, en cambio, derramaba la mitad del contenido a lo largo del camino. Por supuesto, el nuevo sentía que era útil. El viejo se sentía fracasado.
Un día, la autoestima del balde horadado alcanzó su punto más bajo.
—Mi vida es un fracaso — dijo al sembrador — . Le pido disculpas por no hacer bien mi trabajo.
—¿Por qué me pides disculpas? — preguntó asombrado el sembrador.
—¿No se ha dado usted cuenta? Cuando regresamos del río derramo la mitad del agua en el trayecto a casa.
En ese momento, el sembrador, sonriendo gentilmente, llevó al atribulado balde al río. De regreso, mientras recorrían la ruta acostumbrada, el hombre le pidió que observara con atención las hermosas flores del camino.
—¿Te das cuenta de que solo hay flores de este lado del camino? — preguntó el sembrador.
—Pues, sí. ¿Pero qué hay de especial en ello?
—Lo especial es que han crecido gracias al agua que tú derramas cada mañana.
Todo este tiempo yo he sabido de tus huecos. Por eso sembré semillas de distintas flores solamente de este lado del camino.
Al compararte con tus amigos, ¿desearías poseer algunas de sus virtudes? ¿A veces sientes que los envidias? Escucha bien: Dios no se equivocó al crearte. Él es muy sabio como para malgastar su tiempo creando algo inservible. Aun tus aparentes «defectos», en manos de Dios, pueden lograr maravillas. Por lo tanto, colócate en sus manos y pídele que haga de ti un instrumento útil, listo para lo que venga, capaz de cumplir cabalmente su misión en esta vida. A fin de cuentas, ¿no dice Dios que su poder se perfecciona en la debilidad?

Señor, usa hoy mis virtudes y también mis defectos, de un modo que glorifiquen tu nombre.

Tomado de Meditaciones Matutinas para jóvenes
Dímelo de frente
Por Fernando Zabala

UN HOSPITAL PARA PECADORES


«Id pues y aprended lo que significa: "Misericordia quiero y no sacrificios", porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento». (Mateo 9:13).

Probablemente usted haya escuchado la expresión: «La iglesia no es una casa de reposo para santos, sino un hospital para pecadores». Durante años, yo no entendía lo que eso significaba. Entendía, sí, que la iglesia no es una casa de reposo. Los que queremos ser santos no tenemos que pensar en la iglesia como en un lugar al que ir, sentarse en una mecedora y dejar que los demás se ocupen de uno. Nunca tenemos que abandonar el servicio cristiano. Pero no tenía claro por qué la iglesia es un hospital para pecadores. Pensaba que significaba que si alguien quiere pecar tiene que ir a la iglesia.
Pero no se trata de eso. Quien está enfermo va al hospital para que lo cuiden y lo curen mientras está ingresado y luego vuelve a hacer vida normal. La gente no se retira a descansar en los hospitales. Un hospital no es una residencia. Todos somos pecadores y la iglesia es donde vamos a curarnos por la gracia de Jesús.
Si bien la iglesia no es una casa de reposo para santos, tampoco es un asilo para pecadores. Una de las funciones de los asilos es acoger a enfermos terminales para que pasen sus últimos días. Pero la iglesia no es un lugar donde los pecadores vienen a quedarse tal como están hasta que mueren. El evangelio de Jesús no nos salva con nuestros pecados, o a pesar de nuestros pecados, sino de nuestros pecados.  (Mat. 1:21).
Cuando nos convencemos de pecado, nos damos cuenta de que no podemos continuar tal como estamos. También sabemos que Dios no excusa nuestros pecados como si no pasara nada. Dios sería débil o injusto si permitiera que persistamos en nuestros pecados. Que, al perdonar nuestros pecados, Dios nos dé una vida nueva y santa es algo magnífico. El apóstol Pablo escribió: «¿Qué, pues, diremos? ¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde? ¡De ninguna manera! Porque los que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él?» (Rom. 6:1-2).
Al fin y al cabo, tanto los que se pierden como los salvados tienen algo en común: todos son pecadores.  La diferencia fundamental será que los salvados querían salir del pecado y Jesús los salvó. Los perdidos disfrutaban con el pecado y rechazaron la cura que, misericordiosamente, les ofreció Jesús. Basado en Lucas 19:1-10.

Tomado de Meditaciones Matutinas
Tras sus huellas, El evangelio según Jesucristo
Por Richard O´Ffill

lunes, 29 de octubre de 2012

LA TIERRA PROMETIDA


«Y él contestó: "Hermanos y padres, escúchenme: Nuestro glorioso Dios se mostró a nuestro antepasado Abraham cuando estaba en Mesopotamia, antes que se fuera a vivir a Harán"» (Hechos 7:2).

¿Recuerdas a Abraham? Él es el personaje bíblico a quien Dios le pidió que sacrificara a su hijo Isaac. Esa debe de haber sido una difícil decisión para él. Me alegra mucho saber que Dios no quería realmente que Abraham hiciera eso.
Dios le pidió a Abraham que hiciera muchas cosas difíciles. Nuestro versículo de hoy dice que Abraham vivió una vez en Mesopotamia, y que Dios le pidió que se fuera de allí. Eso no debe de haber sido nada fácil para él. Mesopotamia era una bella tierra situada entre dos ríos. Estos ríos se desbordaban y enriquecían el terreno para el cultivo. Dios le pidió a Abraham que abandonara ese hermoso lugar y que cruzara el desierto. Y Dios lo bendijo por su obediencia llevándolo a la Tierra Prometida, un lugar de abundancia que Dios le había prometido a su pueblo.
Dios también quiere bendecirte a ti. Yo no sé cómo, pero lo hará. Las cosas no siempre van a ser fáciles, tal vez tendrás que atravesar un desierto, pero de algo sí estoy seguro: si confías en Dios, él te llevará un día a la Tierra Prometida, un lugar conocido como el cielo.

Tomado de Devocionales para menores
Explorando con Jesús
Por Jim Feldbush

DIOS ENJUGARÁ TODA LÁGRIMA


Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron. (Apocalipsis 21:4)

Dos años después de graduarme de la secundaria conocí a Roberto. Después de haber regresado a California decidí que no iba a casarme con un «gringo»; sin embargo, cuando mis ojos se cruzaron con aquella mirada tierna y profunda, me pareció que había encontrado a mi alma gemela. Todo aquello fue despertando en mí un cariño que me aprisionó con lazos de amor.
Nunca pensé que nuestras vidas pudieran unirse. Fue rápida la decisión de Roberto de entregar su vida al Señor. Un año después nos casamos. Fue el comienzo de veinticinco años de felicidad. Nunca hubo una queja en sus labios ni una crítica en contra de nadie. Mi esposo luchó contra una enfermedad llamada esclerosis múltiple y a pesar de que su salud se encontraba en deterioro, nuestro amor iba aumentando.
Mediante su apoyo conseguí sanar algunas heridas emocionales y cursar otros estudios. Roberto fue mi tutor en biofísica y en química, ya que era ingeniero con una especialidad en aeronáutica. Gracias a él entendí el amor de Cristo por su iglesia. Roberto me amó y fortaleció mi autoestima al proveerme un entorno de seguridad. Era un roble, aunque de espíritu dulce y fiel. Su vida fue un ejemplo del amor de Dios. Llegamos a ser verdaderamente uno, sin perder nuestra individualidad.
Ahora él descansa, tras haber dejado un vacío enorme en mi vida. Sin embargo, Cristo pudo llenarlo al darme un hijo, y a otras personas amadas que le dan sentido a mi existencia. Volví a encontrar al Cristo de mi juventud. Ahora dependo totalmente de él; en la cima del monte o en los momentos difíciles, me aferró a sus palabras.
Haz hoy tuyas sus promesas. Recuerda que: «Cualquiera que sea nuestra perplejidad, nuestro pesar, luto, o soledad, tenemos un Amigo que simpatiza con nosotros [...]. Nadie tiene por qué entregarse al desaliento ni a la desesperación» (El ministerio de curación, p. 192).
Permite que ese amigo te abrace y te fortalezca. Únicamente Jesús puede devolvernos el gozo, y ayudarnos a resistir la melancolía. Recuerda que un día no habrá más lágrimas, ni muerte ni dolor.

Tomado de Meditaciones Matutinas para la mujer
Una cita especial
Textos compilados por Edilma de Balboa
Por Eva Pérez Davis

LA FACTURA LLEGA TARDE O TEMPRANO


Algún día les llegará el castigo por ese pecado. Números 32:23.

Alejandra no tenía suficiente dinero para comprar ese costoso gato que le habían ofrecido, pero acostumbrada como estaba a salirse con la suya, ideó un plan. Falsificaría un cheque de su padre y compraría el animal. Y así lo hizo.
El problema fue que el plan no funcionó. Su padre se da cuenta de que le falta un cheque, descubre que ella lo ha robado y la amenaza para que le devuelva su dinero. Desesperada, Alejandra contacta al joven a quien le compró el gato y le pide que se encuentren en un lugar conocido. El joven va acompañado de un amigo. Ya reunidos, le pide anular el negocio. Cuando el muchacho se niega, Alejandra saca una pistola y le dispara a quemarropa. Después le dispara también al amigo. Lo que comenzó como una pequeña travesura, terminó con la muerte de dos jóvenes y con una muchacha de apenas 19 años recluida en la cárcel por homicidio intencional calificado.
¿Cuándo comenzó «el infierno» de Alejandra? Cada vez que hacía algo malo, y creía salirse con la suya, estaba aumentando su deuda con el pecado. ¡Y el pecado finalmente le pasó la factura!
El que roba una vez sin ser descubierto, cree haberse salido con la suya. Y así piensa el que comete fraude en sus informes o en sus exámenes, mientras no es descubierto. O quien dice mentira tras mentira sin aparentes consecuencias negativas. Por un tiempo todo parece funcionar bien, pero tarde o temprano, el pecado pasa la factura. ¿Por qué es así?
En primer lugar, porque las acciones repetidas forman hábitos, y los hábitos forman el carácter. El psicólogo William James explica: «Hasta la más pequeña virtud o vicio deja una huella permanente. [...]. Desde el punto de vista estrictamente científico, nada de los que hacemos se borra (citado por Sergio V. Collins en La personalidad triunfadora del joven moderno, p. 48).
En segundo término, porque lo bueno o lo malo que pensamos o hacemos prepara el camino para pensamientos y acciones similares.
¿Cómo evitar que el pecado nos pase la factura? Elena G. de White responde: «Estamos seguros solo al seguir por donde Cristo nos dirige. Si no hemos de cometer pecado, hemos de evitarlo desde sus comienzos» (Mente, Carácter y personalidad, t. 1, p. 333, el destacado es nuestro).
Dios mío, que tu Santo Espíritu me ayude a rechazar el mal desde el primer momento.

Tomado de Meditaciones Matutinas para jóvenes
Dímelo de frente
Por Fernando Zabala

EL GOBERNANTE ACONGOJADO


Y cualquiera que haya dejado casas, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o mujer, o hijos, o tierras, por mi nombre, recibirá cien veces más, y heredará la vida eterna. (Mateo 19:29).

El joven rico había estado observando cómo Jesús bendecía a los niños y su corazón fue tocado. Tenía una elevada opinión de sí mismo; sin embargo, sentía que algo le faltaba. A lo mejor, si Jesús ponía también sus manos sobre él y lo bendecía... Arrodillado a sus pies, le planteó la gran pregunta que tendría que preocuparnos a todos y cada uno de nosotros: «¿Qué me falta para ganar el cielo?». Le hizo la pregunta a la persona correcta. Solo hay una manera de llegar al cielo y es a través de Cristo.
Jesús le dijo al joven que, si quería la vida eterna, era necesaria la obediencia a los mandamientos de Dios; a lo cual, el dignatario le respondió que eso ya lo hacía desde su niñez. Si el dignatario hubiese entendido el alcance y la naturaleza espiritual de la ley y las obras de su corazón, habría dicho: «Todo eso lo he quebrantado desde mi juventud con el pensamiento, con las palabras y con los actos».
Si el dignatario hubiera amado de verdad a lo habría abandonado todo y lo habría seguido, costase lo que costase. Si realmente hubiera amado a sus hermanos, habría distribuido sus riquezas entre los pobres. Si hubiera abandonado el mundo realmente, no habría dudado en vender sus posesiones. Si realmente hubiera querido ir al cielo, no habría buscado otra cosa que hacerse un tesoro en él.
Hay mucha buena gente a la que un solo pecado le impedirá acceder a la salvación. Muchos que jamás dejarían a Jesús, de hecho, ya lo están dejando. Después de largo tiempo debatiéndose entre sus convicciones y sus corrupciones, estas últimas acaban por ganar la batalla. Los entristece sobremanera no poder servir a la vez a Dios y al dinero. En el camino al cielo, las riquezas son para muchos un gran obstáculo. Si el dignatario no hubiese sido tan rico, lo habría dejado todo y habría seguido a Cristo.
Quienes han renunciado a una herencia y a la familia por causa del reino de Dios gozarán del consuelo del Espíritu Santo, del placer de la comunión con Dios y una conciencia tranquila; ventajas que pagan con creces la pérdida. Sin embargo, eso no es todo; en el mundo venidero recibirán la vida eterna. Basado en Lucas 18:18-23.

Tomado de Meditaciones Matutinas
Tras sus huellas, El evangelio según Jesucristo
Por Richard O´Ffill

viernes, 26 de octubre de 2012

RED DE AMOR


«Simón Pedro subió a la barca y arrastró hasta la playa la red llena de grandes pescados, ciento cincuenta y tres; y aunque eran tantos, la red no se rompió» (Juan 21:11).

Si hubiéramos estado caminando por la orilla del lago el día que Pedro capturó todos esos peces, habríamos quedado impresionados. A mí los peces grandes siempre me han asombrado.  Tengo un amigo que se llama Dan que trabajaba en un barco pesquero. Dan es un tipo grande y fuerte que mide casi dos metros de alto. Sin embargo, él tiene una foto con un pez que se llama fletán que es más grande que él. ¡Increíble!
El versículo de hoy dice que en la red había ciento cincuenta y tres pescados grandes y que esta no se rompía. Debe de haber sido una red muy fuerte, Jesús también es como un red fuerte para nosotros. Cuando estamos decepcionados, molestos, o alguien nos ha hecho daño, podemos caer en la seguridad de sus brazos. Él evitará que la vida nos «rompa» y nos haga daño.
La próxima vez que veas un bote pesquero, fíjate en sus redes, Al hacerlo, recuerda que aunque se puedan romper por el peso de los peces, Jesús nunca se dará por vencido contigo ni te dejará caer.  Él es el mayor pescador de todos, y está esperando para «atraparte» en su red de amor.

Tomado de Devocionales para menores
Explorando con Jesús
Por Jim Feldbush

NO HAY MAL QUE POR BIEN NO VENGA


Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados. (Romanos 8:28).

Si hay algo que recuerdo de mi infancia son las enseñanzas que mis padres nos trasmitieron. Se dice que hace algunos años, cuando no había modernos equipos de navegación, una flotilla de pescadores partió de un pequeño puerto canadiense en la madrugada. Los barcos debían regresar al atardecer, pero aquel día se desató una fuerte tempestad. Al caer la noche, ninguna de las naves había logrado regresar al puerto. Los hijos, las esposas, las madres y las novias de los pescadores pasaron la noche despiertos, observando nerviosamente la bahía, llenos de zozobra y rogando al cielo que salvara a sus seres queridos.  Para colmo, la casa de una familia piadosa se incendió debido a que el viento derribó una lámpara. Sus moradores quedaron a la intemperie.
Al llegar la mañana, para alegría de todos, la flotilla entera atracó en el puerto; todos a salvo. Sin embargo, la dueña de la casa siniestrada daba muestras de gran congoja. Apenas el marido puso pie en tierra, ella se le acercó y le dijo sollozando: «Amor mío, estamos arruinados, nuestra casa y todo lo que había en ella ha quedado convertido en cenizas». Sin embargo, el hombre exclamó: «Gracias a Dios por ese fuego, ya que nos ayudó a encontrar la entrada del puerto. De lo contrario, quizá todos habríamos perecido».

Mi padre decía una frase que recuerdo a diario: «No hay mal que por bien no venga». Reconozco que uno de los estímulos más grandes de mi vida han sido los consejos y oraciones de mis padres. Ellos siempre estuvieron presentes en los momentos difíciles de mi vida y recuerdo sus consejos cuando me decían: «Dios todo lo conoce. Espera en él». Esa es una receta que nunca falla. El gran Dios del universo es grande en misericordia y bondad. Él tiene propósitos definidos para tu vida. El que ve el fin desde el principio, sabe el porqué de las cosas.
Padre, permíteme entender el plan que tienes para mi vida. Ayúdame a aceptar tu voluntad. Perdona si algunas veces no te he comprendido. Sobre todo, dame las fuerzas para aceptar tu voluntad.

Tomado de Meditaciones Matutinas para la mujer
Una cita especial
Textos compilados por Edilma de Balboa
Por Griselda Chagoya

«EL PELOTÓN DE AGUIJONES»


No se relacionen con personas inmorales. 1 Corintios 5:9, NVI.

«El pelotón de aguijones». Este era el nombre de un grupo de adolescentes, de Lakewood, California, que un día decidieron competir sexualmente. El juego consistía en determinar cuál de ellos podría tener relaciones sexuales con el mayor número de muchachas. 
Cuando las autoridades descubrieron «el juego», algunos ya habían obtenido un puntaje superior a cincuenta. ¡Cada punto indicaba una relación sexual! (The New York Times, edición en línea, www.nytimes.com, 30 de marzo de 1993),  Esta es la desgracia que resulta cuando se cree, como muchos enseñan hoy día, que la virginidad es un problema; y que la promiscuidad sexual, una virtud. La realidad nos muestra exactamente lo opuesto: la promiscuidad sexual es un problema; la pureza sexual, una virtud. 
¿Por qué las relaciones sexuales prematrimoniales son un problema?  Porque los jóvenes se están involucrando en ellas con más frecuencia y a más temprana edad. Porque los embarazos adolescentes están aumentando y también los abortos, las madres solteras y las enfermedades de transmisión sexual.  Porque el daño espiritual, psicológico y moral que se produce es, a veces, irreparable. 
¿Y por qué la pureza sexual es una virtud? Porque los jóvenes que asumen este compromiso son dueños de dos dones muy preciosos que Dios les dio, y que nadie se los puede arrebatar sin su permiso: la pureza de su cuerpo y la capacidad de decidir qué conducta seguir en cada circunstancia. 
Señor, ayúdame a proteger mi cuerpo y mi corazón contra la impureza sexual.
A este grupo pertenece Sandra. Cuando en la universidad un joven la quiso manipular con el trillado «Si me amas, demuéstramelo», su respuesta fue categórica: «No te equivoques conmigo. No tengo relaciones sexuales con nadie. ¡En eso soy radical!». Y cuando alguien le preguntó el porqué de esta actitud tan firme, respondió: «La gente espera que tengas relaciones. Esa es la práctica. Pero yo me rebelo contra eso. No tengo relaciones sexuales [premaritales] porque quiero proteger mi corazón y mi cuerpo. Participar de ello equivale a dar demasiado de ambos» (David Marshall, Adventist Review [Revista adventista], 13 de noviembre de 2003, pp. 26-28).
En materia sexual, Sandra ya tomó su decisión: mantener pura para el matrimonio.
¿Y tú? ¿Ya tomaste tu decisión? 
Señor, ayúdame a proteger mi cuerpo y mi corazón contra la impureza sexual.

Tomado de Meditaciones Matutinas para jóvenes
Dímelo de frente
Por Fernando Zabala

PARTICIPE


«Cuando Job hubo orado por sus amigos Jehová le quitó la aflicción» (Job 42:10).

Hace unos años escribí un libro titulado Lord Keep Your Mansions -Just Save My Children [Señor, quédate con tus mansiones, pero salva a mis hijos]. En él hablo de algunos de los desafíos a los que, con el transcurso de los años, mi esposa Betty y yo hemos tenido que enfrentarnos para educar a nuestros cuatro hijos. Tanto en los buenos momentos como en los malos, se nos hizo evidente que, si Dios tenía que responder a nuestras oraciones por nuestros hijos, solo sería con nuestra cooperación y, en ocasiones, nuestra participación directa.
Nos dimos cuenta de que hay momentos en los que, además de no poder resolver un problema en particular, se corre el riesgo de empeorarlo. A veces, la mejor manera de cooperar es no hacer ni decir nada en absoluto. «Señor, bendice mi familia» es una noble oración, pero si el Señor tiene que bendecir nuestra familia, también tendremos que considerar cómo podemos colaborar con él para que eso sea posible.
A veces, cuando en la familia, en la iglesia o en el trabajo hay un problema, queremos llevarlo ante el Señor tomándolo con la punta de los dedos, el brazo bien estirado y tapándonos la nariz con la otra mano. En otras palabras, de tanto que apesta el problema, no queremos implicamos personalmente.
Canturreamos el estribillo: «Lleva tus cargas al Señor y déjalas», le endosamos el problema al Señor y echamos a correr tan rápido y tan lejos como podemos; cuanto más deprisa y más lejos mejor. 
Luego evitamos a la persona con la que tenemos el problema como si de un infectado se tratara. Si la vemos en el supermercado, cambiamos de pasillo; si sospechamos que quien está llamando al teléfono es esa persona, no atendemos; y, si alguien menciona su nombre, desviamos el tema de conversación.
¿Cómo esperamos que el Señor alcance a esa persona si no a través de quienes la conocen? ¿Qué piensa usted de quien abandona a su familia cuando el dinero se acaba? ¿Acaso seremos distintos si abandonamos a un amigo o a un familiar cuando las cosas van mal en su vida?
Tenemos el privilegio de llevar a nuestros familiares y amigos ante el Señor. Cuando lo haga, inclúyase usted mismo en la oración. Pídale al Señor que lo use del modo que él crea más conveniente para responderle. Basado en Lucas 10:1-8.

Tomado de Meditaciones Matutinas
Tras sus huellas, El evangelio según Jesucristo
Por Richard O´Ffill

jueves, 25 de octubre de 2012

LAS PRIORIDADES EN EL ORDEN CORRECTO


Siempre tengo presente al Señor; con él a mi derecha, nada me hará caer. Salmo 16:8

Veamos si puedes reconocer a este personaje:

- Cobra millones de dólares por película.
- Entre los muchos galardones recibidos se cuentan dos premios Osear como mejor actor (Tiempos, de Gloría, 1989; y Día de entrenamiento, 2001).
- Hace más de treinta años que está casado con la misma persona (esto no es usual en Hollywood)
- Lee la Biblia todos los días (¡esto es menos usual todavía!)
    Se trata de Denzel Washington, un cristiano hijo de pastor, que ama a Dios y a su familia, que disfruta de la lectura de la Biblia y para quien el éxito significa lograr la paz interior.
    Leer un poco sobre la vida de esta estrella del cine me ha enseñado un par de lecciones. La primera, a ser más cuidadoso cuando opino sobre los famosos de Hollywood. Hasta ahora mi tendencia había sido considerar a todos esos artistas como un grupo de ateos millonarios que cambian de pareja casi con la misma frecuencia que cambian de automóvil.
    La segunda reflexión es que el dinero y la fama no tienen por qué destronar a Dios del primer lugar en la vida de una persona.
    ¿Cómo ha hecho Denzel Washington para «sobrevivir» al ambiente secular de Hollywood? Cuando un periodista le preguntó de qué cosas se sentía más orgulloso en la vida, Denzel respondió: «De Dios, de mi familia y de mi profesión. En ese orden». Y cuando se le preguntó cómo enfrentaba los momentos difíciles, afirmó: «La fe en Dios me ayuda a comprender que las circunstancias no determinan mi felicidad, mi paz interior» (David Hochman, «Mantener la fe» Selecciones de Reader's Digest, febrero de 2008, pp. 68-75).
    Señor, ocupa el lugar de honor en mi corazón, ahora y siempre.
    ¿Qué lugar ocupa Dios en tu orden de prioridades? Imagino que está en el tope de la lista. Pero me pregunto qué sucedería si la fama y el dinero tocaran a tu puerta. ¿Seguiría Dios ocupando el lugar de honor en tu corazón? Una manera sencilla de mantenerlo en primer lugar es leyendo su Palabra al comienzo de cada día. Esa es la fórmula de Dezel y, al parecer, también fue la del salmista: «Siempre tengo presente al Señor; con él a mi derecha, nada me hará caer» (Salmo 26:8).
    Señor, ocupa el lugar de honor en mi corazón, ahora y siempre.

    Tomado de Meditaciones Matutinas para jóvenes
    Dímelo de frente
    Por Fernando Zabala

    miércoles, 24 de octubre de 2012

    FRESCOS PARA SIEMPRE


    «Ustedes no me escogieron a mí, sino que yo los he escogido a ustedes y les he encargado que vayan y den mucho fruto, y que ese fruto permanezca. Así el Padre les dará todo lo que le pidan en mi nombre» (Juan 15:16).

    Hoy hemos tenido que agachar la cabeza para entrar a través de una puerta rechinante a una habitación oscura con un dulce aroma. Es un sótano. Nuestros ojos han adaptado lentamente a la oscuridad, y en unos instantes notaremos que hay manzanas portadas partes. El señor Mermelada nos ha llevado a su almacén de frutas. Nos dice que él puede mantener las frutas frescas en ese lugar durante mucho tiempo. Seguidamente toma una manzana y anuncia que lleva allí más de un año. ¡Se ve deliciosa! Él nos dice que gracias a la oscuridad y la temperatura fría su sabor se ha mantenido como si estuviese recién cortada, a pesar de que ha pasado más de un año.
    El versículo de hoy también habla de frutos duraderos. El fruto del que habla es la nueva vida y el nuevo corazón que Dios nos da cuando lo aceptamos como nuestro Salvador.  El versículo nos dice algo más que es maravilloso: Jesús mismo nos ha escogido. ¿No te hace sentir especial? Jesús nos ama muchísimo. Él nos escogió personalmente y hará de nosotros seres bondadosos con frutos que permanezcan para siempre.

    Tomado de Devocionales para menores
    Explorando con Jesús
    Por Jim Feldbush

    UN REGALO DE DIOS


    Aún estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos).  (Efesios 2:5).

    Has puesto a pensar en lo breve que es la vida y en lo rápido que pasa el tiempo? ¿Cuántos años pasaron antes de que nacieras tú? En otras palabras, somos un breve instante en el devenir del universo. Es decir, la vida es demasiado breve para que intentemos complicarla mediante nuestras acciones erróneas. Nadie dijo que íbamos a vivir sin problemas; tampoco que naceríamos para nunca sufrir. Problemas siempre se presentarán y razones para ser felices estoy segura de que hay muchas. Sin embargo, la gente encuentra a diario más motivos para apartarse de la felicidad.
    En muchos seminarios sobre liderazgo se les pregunta a los participantes: «¿Para qué naciste?» «¿Cuál crees es el propósito de tu vida?» La gran mayoría contestan: «Yo nací para ser feliz». Y cuando se les pregunta si verdaderamente lo son, muchos contestan: «¡Bueno, eso intento!». Como que parece muy complicado ser feliz.
    Una vez escuché a alguien decir: «Algún día voy a ser feliz». Sin embargo, la pregunta clave es: «¿Cuándo?». ¿Cuándo decidiremos ser felices? Algunos dirán que después de que concluyan su carrera y encuentren un buen empleo; o quizá cuando compren ese automóvil con el que siempre han soñado; «cuando obtenga un ascenso; cuando tenga pareja; cuando me case». Y así se les pasa la vida.
    Mi querida hermana, la felicidad es un trayecto, no un destino. Tampoco es una sensación repentina; más bien es una actitud, un estilo de vida. Cuando sientas que la vida no ha sido justa contigo, compárate con el de más abajo, no con el de arriba. Compárate con el que nada tiene y comprobarás que la vida te ha dado mucho. Debemos confiar más en Dios y dejar nuestros problemas en sus manos; él los solucionará de la mejor manera. Cuando tengamos suficiente fe en Dios no tendremos de qué preocuparnos. Aprender de lo bueno y de lo malo nos hará cada vez más fuertes.
    Señor, ayúdame a reconocer lo maravilloso que es confiar en ti ¡para ser del todo felices!

    Tomado de Meditaciones Matutinas para la mujer
    Una cita especial
    Textos compilados por Edilma de Balboa
    Por Karla Katherine Quintero Orocú

    LA VERDADERA GRANDEZA


    Vayan, pues, a las gentes de todas las naciones, y háganlas mis discípulos. Mateo 28:19

    Era talentoso, orgulloso y ambicioso. Por el hecho de ser el número uno de su clase, Adoniram llegó a tener la más elevada opinión de sí mismo. Por eso, cuando su padre, que era ministro religioso, le mencionó la idea de llegar a ser pastor de iglesia, la rechazó de inmediato. Su lugar, pensaba él, estaba entre los grandes.
    Estamos hablando de los comienzos del siglo XIX, un tiempo en el que las consignas de la Revolución Francesa y las ideas de renombrados filósofos ateos se habían extendido por todo el mundo. Entre los estudiantes que abrazaron estas ideas se encontraba Adoniram, en gran parte como producto de su estrecha amistad con un joven muy brillante pero incrédulo llamado Jacob, quien también estudiaba en el Colegio Providence, de Rhode Island, Estados Unidos.
    Cuenta Samuel Fisk que, después de concluir sus estudios superiores, el joven Adoniram se aventuró a viajar de un lugar a otro. Una noche se hospedó en una pequeña posada. Al hacer los arreglos, el dueño del lugar le advirtió que dormiría en un cuarto adyacente al de un joven moribundo.
    —El doctor ha dicho que este joven probablemente morirá durante la noche 
    —le advirtió el posadero.
    —No tengo problemas —respondió Adoniram. 
    A la mañana siguiente, Adoniram preguntó por el joven. 
    —¿Qué pasó con el enfermo? 
    —Murió —replicó el posadero.
     —¿Quién era él?  —inquirió Adoniram. 
    —Un joven del Colegio Providence.
    —¿Del Colegio Providence? ¡Ahí estudié yo! ¿Sabe el nombre del joven? 
    —Un tal Jacob Eames.
    Adoniram no podía creerlo. ¡Su mejor amigo! El mismo que lo había inducido a renunciar a sus ideas cristianas. El impacto de lo sucedido fue tan grande que Adoniram decidió regresar a su hogar. Se inscribió en el Seminario Teológico de Andover. Fue allí donde aceptó a Cristo como su Salvador (Samuel Fisk, More Fascinating Conversión Stories [Más relatos fascinantes de conversiones], p. 65).
    Cierto día, mientras Adoniram caminaba por un bosque, a su mente vinieron las palabras de Cristo: «Vayan a las gentes de todas las naciones, y háganlas mis discípulos». En ese mismo momento, Adoniram Judson decidió dedicar su vida a Cristo como misionero.  Durante 37 años predicó el amor de Cristo en Birmania.  Allí tradujo la Biblia al idioma local y, curiosamente, concretó sus sueños de grandeza… ¡La grandeza del servicio!

    Gracias, Señor, por los talentos que me has dado. Quiero usarlos hoy en tu servicio.

    Tomado de Meditaciones Matutinas para jóvenes
    Dímelo de frente
    Por Fernando Zabala

    ALEGRÍA EN LUGAR DE TRISTEZA


    «También vosotros ahora tenéis tristeza, pero os volveré a ver y se gozará vuestro corazón, y nadie os quitará vuestro gozo» (Juan 16:22).

    Algunas personas saben atrapar monos sin hacerles daño. Introducen un maní en una jarra de cerámica. En poco tiempo, un mono llega y lo huele. Luego mirará dentro de la jarra y verá el maní en el fondo. Como quiere comerlo, el mono introduce la mano en la jarra y, cerrando el puño, lo agarra. Pero el puño es demasiado grande para que pueda pasar por el cuello de la jarra y el mono es demasiado avaro como para soltar el maní. Así, el mono queda atrapado; y todo porque no quiso soltar un mísero maní.
    Podemos liberarnos de todas nuestras cargas y penas; basta con que las soltemos y se las demos a Jesús. Él tomará nuestro dolor y lo convertirá en alegría que nadie nos podrá quitar.
    La oración sincera suele ser el resultado de un corazón quebrantado. El corazón que busca al Señor con toda su fuerza es el corazón contrito; por lo que el corazón permanentemente contrito es condición indispensable para la oración sincera. «Cercano está Jehová a los quebrantados de corazón y salva a los contritos de espíritu» (Sal. 34:18). «Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios» (Sal. 51:17). «Porque así dijo el Alto y Sublime, el que habita la eternidad y cuyo nombre es el Santo: "Yo habito en la altura y la santidad, pero habito también con el quebrantado y humilde de espíritu, para reavivar el espíritu de los humildes y para vivificar el corazón de los quebrantados"» (Isa. 57:15).
    En cierta ocasión hablaba con una persona que había perdido el celo por andar con el Señor. Le pregunté por su vida de oración. Me respondió que había dejado de orar porque sabía que, si lo hacía, en su vida se producirían cambios y eso le daba miedo.
    La oración sincera ablanda el corazón más duro. Por lo tanto, el mayor error que podemos cometer es el error de dejar de orar.
    El Señor quiere cambiar su sufrimiento por gozo. Si tal es su deseo, deje que él haga. Basado en Lucas 18:1-8

    Tomado de Meditaciones Matutinas
    Tras sus huellas, El evangelio según Jesucristo
    Por Richard O´Ffill

    martes, 23 de octubre de 2012

    MÁS GRANDE Y MEJOR


    «Toda rama que en mí no da fruto, la corta; pero toda rama que da fruto la poda para que dé más fruto todavía» (Juan 15:2, NVI).

    Hoy estamos caminando por un huerto de árboles frutales. El aroma de los árboles cargados de frutas es realmente dulce y delicioso. ¿Sabías que Dios es un experto jardinero? ¡Sí! Lee el versículo de hoy. Ahora, yo puedo entender eso de cortar ramas que no dan fruto, pero, ¿cortar las ramas que dan fruto para que el árbol dé más fruto? Pues sí. Se llama poda.
    Pero Jesús no estaba hablando de frutos reales en este versículo. Los frutos eran solo un ejemplo.
    Él estaba hablando de personas. Él quiso decir que a veces las personas necesitamos ser «podadas» como los árboles frutales. Eso significa que debemos aprender lecciones que son difíciles. Cuando tus padres o maestros tienen que castigarte lo hacen para que seas mejor Así como el árbol frutal da mejores frutos después de que es podado, nosotros nos convertimos en mejores personas después de haber aprendido algunas lecciones difíciles en la vida.
    Así que no tengas miedo a las situaciones difíciles que te presenta la vida. Pídele a Dios que te ayude a aprender de ellas y a ser un cristiano que dé mejores frutos para él.

    Tomado de Devocionales para menores
    Explorando con Jesús
    Por Jim Feldbush

    LA CONFIANZA UN REFUGIO SEGURO


    Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado. (Isaías 26:3).

    En la biblia encontramos un sinnúmero de promesas que Dios ha colocado allí para que nuestra fe y nuestra confianza aumenten. Yo nací y crecí en la Iglesia Adventista, escuchando las promesas divinas. Las tenía todas muy claras, pero no fue hasta que me convertí en madre que reconocí lo importante que es para un hijo de Dios confiar plenamente en su Padre celestial.
    En abril de 1992 di a luz a un hermoso bebé. Sin embargo, pronto mi alegría se tornó en angustia al saber que el niño quizá no sobreviviría, ya que presentaba serias complicaciones respiratorias. Las siguientes horas fueron interminables. Cada minuto y cada segundo parecían larguísimos. Mi corazón desfallecía de pesar. Fue entonces cuando una promesa resonó en mi mente: «Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera, porque en ti ha confiado» (Isa. 26:3). Nunca antes había entendido ese mensaje de una forma tan clara. No tenía por qué sentirme abatida, ya que tenía un Dios para quien no pasa inadvertida ni una sola lágrima que derramen sus hijas.
    En aquel instante mi corazón se llenó de una paz indescriptible y en medio de mi tribulación me sentí tranquila. «Y es que no se exhala un suspiro, no se siente un dolor, ni ningún agravio atormenta el espíritu, sin que haga palpitar también el corazón del Padre [...]. Dios se inclina desde su trono para oír el clamor de los oprimidos.  A toda oración sincera, él contesta: "Aquí estoy". Levanta al angustiado y pisoteado. En todas nuestras aflicciones él es afligido. En cada tentación y prueba, el ángel de su presencia está cerca de nosotros para libramos» (El Deseado de todas las gentes, cap. 37, pp. 328-329).
    Hoy, gracias a su inmenso amor, aquel delicado bebé es un adolescente y le enseño a depositar su confianza en Dios. No sé cuál es tu situación, ni las pruebas que estás atravesando, pero sé que cuando acudimos a la presencia de Jesús encontramos seguridad y nos sentimos tranquilos, porque él puede dar paz a todo el que en él confía. Que el Dios de paz te bendiga y te guarde en este día. Y que puedas encontrar en él un refugio seguro.

    Tomado de Meditaciones Matutinas para la mujer
    Una cita especial
    Textos compilados por Edilma de Balboa
    Por Midalyz Santa Cruz de Hernández