El Libro Para Ti

El Libro Para Ti
En estas cartas, escritas en lenguaje paternal, los jóvenes encontrarán mensajes de valor permanente, advertencias y estímulos para alcanzar metas e ideales elevados, y sobre todo, el consejo para permanecer fieles a los supremos valores éticos y morales.

viernes, 9 de noviembre de 2012

DOS PIES IZQUIERDOS


«Un cuerpo no se compone de un solo miembro, sino de muchos [...]. Dios ha puesto cada miembro del cuerpo en el sitio que mejor le pareció. Si todo fuera un solo miembro, no habría cuerpo» (1 Corintios 12:14-19).

¿Alguna vez te has tropezado mientras caminas y te has caído? ¿Alguien te preguntó cuándo te caíste si tenías «dos pies izquierdos»? Bueno, en realidad no te estaban preguntando si tenías dos pies izquierdos. Lo que te estaban diciendo era que eres un poco torpe.
El versículo de hoy dice que Dios dispuso cada parte de nuestro cuerpo de manera perfecta para que cada una cumpliera con su función. Al igual que el cuerpo, en la iglesia Dios le ha dado a cada uno una función. Algunas personas son muy buenas dirigiendo la música, mientras que otras son buenas enseñando las lecciones de la Biblia, Hay quienes sirven para hacer que el jardín de la iglesia se vea hermoso. Dios nos hizo a todos como él quiso que fuéramos.  Todos podemos ayudar con algo que sepamos hacer en la iglesia. Aprendamos a respetarnos por los talentos con los que Dios nos ha bendecido y animémonos mutuamente a cumplir nuestra función en el «cuerpo» de Cristo.

Tomado de Devocionales para menores
Explorando con Jesús
Por Jim Feldbush

EL REENCUENTRO


Señor, no sabemos a dónde vas; ¿cómo, pues, podemos saber él camino? (Juan 14:5)

El año 2007 trajo consigo un período de pruebas y decisiones difíciles para nuestra familia. Una de ellas consistió en que tuve que separarme de mi esposo y del ministerio que Dios nos había encomendado durante cuatro meses. El motivo era que debía concluir mis estudios universitarios en la Universidad Adventista de Costa Rica; sin embargo, la decisión no fue nada fácil de tomar.
Me sentía feliz por estar en mi país de origen junto con mis dos hijos. Podría de esa forma concluir mis estudios y también compartir una temporada con mis padres y hermanos. El tiempo fue pasando y me sentía cada vez más triste al no estar con mi esposo. Además mis hijos me preguntaban a diario por su papá. Sin embargo, sabíamos que el objetivo ameritaba la separación. Tres meses después de estar en Costa Rica, mi esposo llegó para pasar unos días con nosotros. Fueron horas de mucha alegría; sin embargo, él tuvo que regresar a sus labores en Guatemala. De nuevo nos separamos, aunque en aquella última ocasión fue más difícil, ya que mis dos hijos se enfermaron y sin la presencia y ayuda de mi esposo me sentí muy estresada.
Gracias a esta experiencia vivida tiempo atrás, hoy puedo entender mejor el sufrimiento de Dios al separarse de su amado hijo, Cristo Jesús, durante más de treinta años. Aunque la separación fue difícil para ambos, el propósito era también maravilloso: tu salvación y la mía.
Si has tenido que separarte de algún ser querido por algún motivo, recuerda que muy pronto el Señor Jesús enjugará toda lágrima de sufrimiento y nos reunirá para que nunca más nos separemos. ¡Piensa que podremos vivir con él y con nuestros seres amados por toda la eternidad!
«En toda ocasión y lugar, en todas las tristezas y aflicciones, cuando la perspectiva parece sombría y el futuro nos deja perplejos y nos sentimos impotentes y solos, se envía el Consolador en respuesta a la oración de fe» (La maravillosa gracia de Dios, p. 191).

Tomado de Meditaciones Matutinas para la mujer
Una cita especial
Textos compilados por Edilma de Balboa
Por Shirley de Casia escribe desde Guatemala.

LO QUE MÁS TEME EL ENEMIGO


Resistan al diablo, y este huirá de ustedes. Acérquense a Dios, y él se acercará a ustedes. Santiago 4:7,8.

Si hay algo que el diablo teme es ver a un joven cristiano que, de rodillas, ora al Padre celestial en el nombre del Señor Jesucristo. Esta realidad la expresó muy bien Samuel Chadwick cuando escribió que el enemigo puede ridiculizar nuestros mejores esfuerzos y puede incluso burlarse de nuestra sabiduría, pero tiembla cuando oramos.
Un buen ejemplo de lo que ocurre cuando un cristiano ora lo encontramos en la historia de John Knox, el campeón de la Reforma en Escocia. Al igual que Elías, el profeta del Antiguo Testamento, las oraciones de Knox no solo hacían temblar al diablo, sino también a los gobernantes de su tiempo. De hecho, se cuenta que Mary Stuart, la reina de Escocia, llegó a decir: «Temo a las oraciones de John Knox más que a un ejército de diez mil hombres» (John Hudson Tiner, For Tiróse Who Daré [Para los que se atreven], p. 36).
¿De dónde obtuvo Knox semejante fuerza espiritual? De su comunión diaria con Dios. Knox no solo oraba por él, sino que también intercedía por sus feligreses y por su querida patria. Su constante plegaria era: «¡Oh, Dios, dame a Escocia, o me muero!». Y Dios le dio a Escocia, porque una vez que ahí se encendió la luz del evangelio de Jesucristo, ya nunca se apagó.
Se cuenta que en una ocasión la misma reina, Mary Stuart, lo culpó de hereje, por enseñar al pueblo a obedecer a Dios antes que a los gobernantes. ¿Cuál fue respuesta de Knox? «Si toda la simiente de Abraham —dijo— hubiera sido de la religión del faraón del cual fueron súbditos por largo tiempo, le pregunto, señora, ¿qué religión habría hoy en el mundo? Y si en los días de los apóstoles todos hubieran sido de la religión de los emperadores de Roma, dígame, señora, ¿qué religión habría hoy en el mundo?» (Elena. G. de White, El conflicto de los siglos, p. 256).
¿Quieres disfrutar de una vida cristiana poderosa, como el sol del mediodía; refrescante, como la brisa de la mañana? Entonces aparta cada día unos minutos para hablar con Jesús. Haz una cita con él cada mañana. Ábrele tu corazón y confíale tus temores, tus planes, tus esperanzas. Él estará ahí, fin falta; porque además de tu salvador, es también tu mejor amigo.
Querido Jesús gracias por ser mi Salvador y también mi mejor amigo.

Tomado de Meditaciones Matutinas para jóvenes
Dímelo de frente
Por Fernando Zabala

DIOS SABE QUÉ NOS CONVIENE


«He aquí que no se ha acortado la mano de Jehová para salvar, ni se ha endurecido su oído para oír» Isaías 59:1.

El libro de los Hechos de los Apóstoles cuenta la historia de un hombre llamado Simón (Hech. 8:9-13). Antes de convertirse al cristianismo había servido al diablo. La gente no lo sabía y pensaba que su poder venía de Dios. Cierto día que Simón vio a los discípulos obrando milagros quedó impresionado y ofreció dinero para que le diesen ese mismo poder.
Algunos sienten una fuerte atracción por los milagros y los poderes sobrenaturales. Fíjese en el número cada vez mayor de películas en las que proliferan brujas, vampiros, extraterrestres y otros personajes dotados de poderes sobrehumanos. Quienes participan de esos espectáculos pueden ser presa fácil de un engaño que los lleve a seguir al enemigo de las almas.
Por lo general, no creo que sea apropiado que pidamos a Dios que obre milagros o que nos dé alguna señal. Esto puede equivaler a decir: «Señor, si tú no haces nada por mí, yo tampoco haré nada por ti.
Luego están aquellos que, como Simón, ven un futuro económico brillante para si mismos.  Hace poco, en Internet, vi a un predicador. Básicamente, venía a decir que sus espectadores quedarían sanados si ponían las manos en la pantalla. Desde luego, también pedía a la gente que le enviara dinero.
Hace años vi a un predicador de televisión desgarrando la camisa que llevaba puesta en pedazos pequeños. Dijo a los espectadores que, si le enviaban una ofrenda, él les enviaría un pedazo de la camisa y, como resultado, sus vidas estarían llenas de milagros.
A menudo, quienes están enfermos o tienen algún problema buscan ayuda en cualquier parte. Hay muchos que, como Simón, serían capaces de sacar provecho personal haciendo negocio con el sufrimiento o los problemas ajenos. Suelen vivir en mansiones y conducen automóviles de lujo.
¿En alguna parte de la Biblia se nos dice que Jesús pidió dinero a alguien a cambio de sanarlo? ¡En absoluto! Si alguien le promete obrar un milagro, alguna señal o cualquier acto sobrenatural, recuerde la historia de Simón el mago. Otra cosa que no tenemos que olvidar es que, pidamos lo que le pidamos a nuestro Padre celestial, siempre tiene que ir acompañado por las palabras: «Hágase tu voluntad».   Basado en Juan 4:48.

Tomado de Meditaciones Matutinas
Tras sus huellas, El evangelio según Jesucristo
Por Richard O´Ffill

martes, 6 de noviembre de 2012

JARDINES DEL CORAZÓN


«Yo sembré y Apolo regó, pero Dios es quien hizo crecer lo sembrado» (1 Corintios 3:6).

Por favor, camina con cuidado, no quiero que vayas a pisar ninguna planta mientras visitas mi jardín. ¿Puedes ver el maíz, los frijoles y los calabacines?  Este verano vamos a disfrutar en casa de unos buenos vegetales recién cosechados. Estoy muy ansioso de que estén listos.
El versículo de hoy habla de otra clase de jardín: el «jardín» del corazón. Pablo dice que cuando él predicó el mensaje de la Biblia «plantó» la semilla de vida en el corazón de la gente. Apolo, otro miembro de la iglesia, era el encargado de «regar» los corazones. Eso significa que él los ayudaba a entender lo que significaba ser cristianos y los apoyaba en su trayectoria. La última parte del versículo es la más importante. Dios es quien nos hace «crecer» como cristianos. Esto es algo que nadie más puede hacer, sino él. Así como solo Dios puede hacer que los vegetales crezcan, él es el único que puede hace que su Palabra crezca en nuestras vidas y nuestro corazón.
Dios es el mayor jardinero del universo. Planta su Palabra en tu corazón, riégala aprendiendo cada día más de él, y permite que Dios te haga crecer a su imagen también.

Tomado de Devocionales para menores
Explorando con Jesús
Por Jim Feldbush

EL PODER DE LA ORACIÓN


Si algo pedís en mi nombre yo lo haré. (Juan 14:14).

Mi madre y cinco de mis hermanos residen en el estado de Baja California, México, mientras que dos de mis hermanos y yo nos hemos quedado a vivir en El Salvador. En cierta ocasión viajé a visitar a mi mamá junto con una tía y con mi abuela materna. Antes de partir de regreso a El Salvador mi abuela sufrió un derrame cerebral y murió en Baja California.
¿Quién nos apoyaría en aquellos momentos tan difíciles? Aunque nadie nos conocía en aquel lugar Dios permitió que nos acompañara la familia adventista de la comunidad. Aunque la iglesia quedaba a cierta distancia, alguien les llevó la triste noticia de que nuestra abuela había muerto.
«Con frecuencia se marchitan nuestras esperanzas más acariciadas. La muerte nos arranca a nuestros seres amados. Cerramos sus ojos, los vestimos para la tumba y los ocultamos de nuestra vista. Pero la esperanza nos hace cobrar ánimo. No estaremos separados para siempre, sino que volveremos a encontrar a nuestros seres amados que duermen en Jesús» (Mensajes selectos, t. 2, p. 297).
Enterramos a mi abuelita en México y luego regresamos a El Salvador. El hogar de mi tía se convirtió en mi hogar. Fue allí donde conocí el mensaje adventista y me bauticé. Desde hace unos veinticinco años sueño con volver a ver a mis hermanos y a mi madre, anhelo el momento en que Dios me permita abrazar a mis amados. Confía en las promesas del Señor, no desmayes en tus peticiones: Dios obrará en el momento adecuado.
«Cada oración sincera recibirá una contestación. Tal vez no llegue esta exactamente como deseáis, o cuando la esperéis; pero llegará de la manera y en la ocasión que mejor cuadren a vuestra necesidad. Las oraciones que eleváis en la soledad, en el cansancio, en la prueba, Dios las contestará, no siempre según lo esperabais, pero siempre para vuestro bien» (Obreros evangélicos, pp. 271-272).
Querido Señor, ayúdame a que mantenga firme mi esperanza, a confiar en que tú obrarás en el momento exacto para que tenga lugar ese encuentro tan esperado por mí.

Tomado de Meditaciones Matutinas para la mujer
Una cita especial
Textos compilados por Edilma de Balboa
Por Jessenia de Guzmán 

LA SUBASTA DEL DIABLO


Tú, Señor; me das luz; tú, Dios mío, alumbras mi oscuridad.  Salmo 18:28

Cuenta una fábula que cierta vez el diablo decidió retirarse después de tantos años de engañar a la gente. Hizo el anuncio público y también avisó que subastaría sus herramientas. Cuando llegó el día de la subasta, el local se llenó con gente de toda clase.
Allí, a la vista del público, se podía observar el arsenal del enemigo: los celos, la envidia, la calumnia, el apetito desordenado, el licor, las drogas, el tabaco, el odio... Había, sin embargo, una «herramienta» que no se exhibía con el resto. Estaba ubicada en un lugar especial. Su apariencia no era particularmente atractiva, pero su precio era muy superior al resto. ¿De qué se trataba?
Entonces el enemigo de las almas explicó: «Se trata de mi arma secreta. Durante años la he usado con éxito con toda clase de gente. Su valor radica en que me prepara el camino para hacer mi obra maligna sin dificultad».
—¿Y cómo se llama? —preguntó alguien.
—¿Qué otra cosa puede ser? —respondió el diablo—. Es el desánimo.
Dice la fábula que el diablo ni se retiró de su trabajo como engañador, ni vendió su arma favorita. Todavía hoy sigue usándola con la misma efectividad de siempre (adaptado de Signs of the Times [Señales de los tiempos], agosto de 2005, p. 29).
Es probable que ahora mismo, mientras lees estas líneas, las tinieblas del desaliento rodeen tu corazón. ¿Has sufrido algún fracaso sentimental? ¿No van bien las cosas en los estudios? ¿Te has peleado con tu mejor amigo o amiga? ¿Has experimentado algún rechazo en los últimos tiempos? ¿Tienes problemas con tus padres?
No hay nada de malo en que te sientas triste o desanimado, pero no permitas que el desaliento se apodere de ti. En primer lugar, porque con desanimarte no vas a solucionar ninguna de esas situaciones. En segundo, porque con tu desánimo estás mostrando desconfianza en el poder de Dios para satisfacer tus necesidades.
¿Qué tienes que hacer, entonces? Desecha esos pensamientos negativos. Elena G. de White escribe que resistir al desánimo es un deber tan positivo como el de orar (El ministerio de curación, p. 194). Piensa en todas las cosas buenas que Dios te ha dado y da gracias por ellas. Finalmente, por sobre todo, nunca olvides que Dios es la luz que alumbra tus momentos de oscuridad.
Gracias, Señor, porque tu luz alumbra mis momentos de oscuridad.

Tomado de Meditaciones Matutinas para jóvenes
Dímelo de frente
Por Fernando Zabala

EL AGUA ES ESENCIAL


«El que beba del agua que yo le daré no tendrá sed jamás sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna» (Juan 4:14).

La historia de este mundo comenzó con el agua. La Biblia nos dice que, en el principio, el mundo estaba oscuro, vacío y cubierto de agua.
Cuando creó la tierra seca, Dios todavía dejó una gran cantidad de agua porque es necesaria para sostener la vida. ¿Sabía que su cuerpo es agua en un 75%?
La Biblia nos dice que una vez hubo una inundación que cubrió todo el mundo. Aun después de que las aguas de aquella gran inundación se retiraran, dos tercios de la superficie terrestre todavía estaban cubiertas de agua. Puede verlo en cualquier mapamundi. El color azul representa el agua que nunca se secó.
Pero, ¿sabía usted que solo el 5% del agua del mundo es potable? Cerca del 2.5% está congelada en los glaciares y los casquetes polares y el 93% restante es el agua salada del mar. Por lo tanto, el 5% potable es muy precioso y raro. Sin ella, moriríamos. ¡Quizá por eso las botellas de agua sean tan caras! Seguro que tiene sed nada más de pensar en ello.  La Biblia habla mucho sobre el agua. Si desea una interesante actividad de sábado por la tarde, busque una buena concordancia (servirá la que está en las últimas páginas de su Biblia) y busque la palabra «agua». Descubrirá algunos textos e historias interesantes relacionados con ella.
En los tiempos bíblicos, la gente se peleaba por el agua (Lot y Abraham, por ejemplo). Aun hoy en día el agua es motivo de disputas entre la gente.
En el desierto, el agua fue una preocupación constante para los hijos de Israel. Asimismo, recuerde que Moisés perdió los estribos por un asunto relacionado con el líquido elemento. En la actualidad, algunas culturas todavía adoran el agua.
Jesús quiere darnos agua viva. «Cualquiera que beba de esta agua [del pozo] volverá a tener sed; pero el que beba del agua que yo le daré no tendrá sed jamás, sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna» (Juan 4:13, 14).
Señor, estamos sedientos; danos tu agua viva. Basado en Juan 4:5-26

Tomado de Meditaciones Matutinas
Tras sus huellas, El evangelio según Jesucristo
Por Richard O´Ffill

viernes, 2 de noviembre de 2012

ELLOS ESTÁN ESPERANDO


«La creación espera con gran impaciencia el momento en que se manifesté claramente que somos hijos de Dios» (Romanos 8: 19).

Piensa en todo lo que hemos hecho este año. Hemos recorrido casi toda la Biblia y contemplado una buena parte de la creación de Dios. ¡Ha sido un viaje maravilloso! Pero lee ahora el versículo de hoy. En él se dice que la creación espera con impaciencia que se manifieste que somos hijos de Dios. Esto significa que todas la cosas que Dios ha creado han sufrido por culpa del pecado y están esperando el día en que Jesús regrese para que todo sea renovado.
Ahora, ¿por qué Jesús está tardando tanto en regresar? La Biblia dice en 2 Pedro 3:9: «No es que el Señor se tarde en cumplir su promesa, como algunos suponen, sino que tiene paciencia con ustedes, pues no quiere que nadie muera, sino que todos se vuelvan a Dios». Como ves, Dios quiere que todos vayan al cielo. Desafortunadamente, no todos escogerán vivir eternamente con él. Pero a pesar de eso Dios sigue teniendo paciencia esperando que tú, yo y muchos otros decidamos aceptar su gracia y amor.
Vive cada día para Jesús. Muéstrale cuánto agradeces lo que él hizo por ti a morir en la cruz. Háblales a todos los que conoces de Jesús para que ni él ni la creación tengan que esperar tanto tiempo.

Tomado de Devocionales para menores
Explorando con Jesús
Por Jim Feldbush

LA VIDA ETERNA


El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida. (1 Juan 5:12).

Se ha dicho en numerosas ocasiones que la muerte es un misterio, y quizá por eso mismo muchas personas encuentran fascinante todo lo que tiene que ver con la muerte o con el más allá.
Para mí, la muerte adquirió un significado muy doloroso cuando falleció mi madre en el año 2007. Sus siete hijos y muchos de sus nietos y bisnietos estuvimos a su lado antes de que pasara al descanso. Todavía creo que no debió haber muerto, y que quizá lo hizo debido a algún error de los médicos, aunque por otra parte ya tenía una edad avanzada.  Mi madre respetaba concienzudamente los principios de la reforma pro salud y solía hacer caminatas cada mañana; rebosaba energía por cada poro. Murió precisamente doce días antes de cumplir ochenta y nueve años.
La muerte de un ser amado deja un vacío inmenso que es casi imposible de llenar. Sin embargo, nos consuela leer lo que dice el Salmo 145:20: «Jehová guarda a todos los que lo aman». Esa es mi esperanza bendita, algo que trae consuelo a mi vida: la certeza de que ella resucitará el día postrero y de que estará entre esa gran multitud para pasar la eternidad con nuestro Salvador. Mientras tanto, Dios nos guarda a mí y a los míos, si permanecemos en su amor.
Jesucristo, por medio de su sacrificio, ha eliminado el dominio de la muerte, el pecado, la enfermedad y el dolor. «"Él mismo tomó nuestras enfermedades y llevó nuestras dolencias" (Mat. 8:17) para atender a todo menester humano. Vino para quitar la carga de enfermedad, miseria y pecado. Era su misión ofrecer a los hombres completa restauración; vino para darles salud, paz y perfección de carácter» (El ministerio de curación, p. 11).
Salud, restauración, salvación, eternidad, eso es lo que Jesús quiere para nuestras vidas. Como el ciervo que brama por las aguas, busquemos la vida eterna, y estemos dispuestas a que el Espíritu Santo more en nosotras para de esa forma lograr la victoria, y un día ver de nuevo a nuestros amados.

Tomado de Meditaciones Matutinas para la mujer
Una cita especial
Textos compilados por Edilma de Balboa
Por Dalia Castrejón Castro

¿CÓMO QUIERES QUE TE RECUERDEN?


No hay que buscar el bien de uno mismo, sino el bien de los demás. 1 Corintios 10:24

Era el 3 de enero de 1950 cuando el padre de Peter le pidió que lo acompañara a visitar a un viejo amigo de su juventud, el famoso economista Joseph Schumpeter. Este hombre había sido ministro de economía en Austria; presidente de bancos; escritor de importantes libros sobre teoría económica; y profesor de distinguidas universidades, entre ellas Harvard.
Cuenta Peter que su papá y Joseph Schumpeter pasaron una velada muy agradable, recordando los viejos tiempos. Entonces, en un momento de la conversación, ocurrió algo que Peter nunca pudo olvidar. Con una sonrisa dibujada en su rostro, su papá le hizo a Joseph Schumpeter una pregunta muy curiosa:
—Joseph, ¿todavía sigues hablando de cómo quieres que te recuerden?
El caso es que cuando Joseph era joven solía decir a sus amigos: «Quiero que la gente me recuerde como el amante de las mujeres más hermosas de Europa; el mejor jinete; y también, quizás, como el economista más grande del mundo».
Ahora que esos días juveniles habían quedado atrás, la pregunta adquiría para Joseph un significado muy diferente.
—Todavía esta pregunta es importante para mí — respondió Joseph — . Solo que ahora la respondo de una manera muy diferente. Quiero que me recuerden como el maestro que ayudó a convertir a una media docena de estudiantes brillantes en economistas de primera clase.
Luego añadió:
—Que te recuerden por los libros y por las teorías que escribiste no es lo que cuenta. Uno no hace una contribución significativa en este mundo a menos que la haga en la vida de la gente (relato de Peter E Drucker en «My Life As a Knowledge Worker», Inc. Magazíne, febrero de 1997).
¡Qué interesante! Un famoso profesor de economía prefiere ser recordado, no por sus logros profesionales, sino por la influencia positiva que ejerció en la vida de sus alumnos.
Si algo nos enseña la experiencia de Joseph Schumpeter es que no son las cosas, ni las riquezas, ni los aplausos, lo que más cuenta en esta vida. Es la gente.
¿Qué podrías hacer hoy por un familiar, un amigo, un compañero de estudios, que le indique a esa persona lo mucho que significa para ti?
¿Qué podrías decir?
Me pregunto cómo nos recordará la gente cuando ni tu ni yo ya estaremos en este mundo.
Señor, que uno de mis mayores gozos sea servir a las almas por quienes Cristo murió.

Tomado de Meditaciones Matutinas para jóvenes
Dímelo de frente
Por Fernando Zabala

¿HECHIZADOS O CONVENCIDOS?


«Deje el impío su camino y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Jehová, el cual tendrá de él misericordia, al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar» (Isaías 55:7).

«Cuando Cristo es recibido como Salvador personal, la salvación viene al alma» (El Deseado de todas las gentes, cap. 61, p. 523). Sin embargo, el propósito del diablo es engañarnos para que creamos (1) que la salvación es demasiado complicada e imposible de alcanzar en esta vida o (2) que la salvación es tan fácil de conseguir que basta con desearla. Algunos no creen ninguna de estas ideas, aunque esperan que Dios obre un milagro en su vida, de manera que, sin mediar esfuerzo por su parte, los vuelva alérgicos al pecado y, por tanto, inmunes a la tentación. Entienden que el derramamiento del Espíritu Santo hará que el pecador se convierta en santo.

El Espíritu Santo no se sirve de una varita mágica para hechizarnos, sino que nos convence de pecado para cambiarnos. «La justicia de Cristo no es un manto para cubrir los pecados que no han sido confesados ni abandonados; es un principio de vida que transforma el carácter y rige la conducta. La santidad es integridad para con Dios: es la entrega total del corazón y la vida para que revelen los principios del cielo» (El Deseado de todas las gentes, cap. 61, p. 52).
Zaqueo aprendió que hacer de Jesús el Señor de su vida tenía un elevado precio. Sus recursos terrenales se desvanecieron. Perdió a sus amigos. Pero ganó para sí y para toda su familia el maravilloso regalo de la salvación. Ahora tenía un tesoro en el cielo.
Zaqueo recibió en su casa a Jesús, no solo como huésped, sino como su Salvador que viviría para siempre en su corazón y su hogar. Los escribas y los fariseos lo consideraban un pecador y criticaron a Jesús por ir a su casa. Pero el Señor le dijo a Zaqueo que ahora formaba parte de la familia de Dios. Porque «los que tienen fe, estos son hijos de Abraham» (Gal. 3:7).
Amado Jesús, gracias por hacer de mí un miembro de tu familia. Quiero invitarte para que vengas a mi casa; no para venir de visita y luego marcharte, sino para quedarte. Basado en Lucas 19:1-10

Tomado de Meditaciones Matutinas
Tras sus huellas, El evangelio según Jesucristo
Por Richard O´Ffill