La bendición del Señor es riqueza que no trae dolores consigo. Proverbios 10:22
Heredó un reino unido. No tuvo que afrentar ejércitos enemigos. Era de corazón tierno y compasivo. Y cuando pudo pedir que Dios le diera riquezas, prefirió pedir sabiduría. ¿De quién estamos hablando? Por supuesto, de Salomón.
Pocos gobernantes comenzaron su reinado con tantas ventajas. ¡Pocos prometían tanto! Pero entonces Salomón se aventuro en terreno prohibido. Se caso con la hija de faraón de Egipto (1 de Reyes 3:1), y las consecuencias no pudieron ser mas desastrosas. Claro, sus intenciones eran "buenas". En términos políticos, ese matrimonio fortaleció las relaciones diplomáticas de su reino. Mas aún, la muchacha se convirtió a la religión hebrea. Hasta participaba con él en el culto del verdadero Dios (profetas y reyes, pág. 34).
¿A cuantas de sus setecientas esposas y de sus trecientás concubinas logró Salomón convertir a su religión? No lo sabemos. Lo que si sabemos es que: sus mujeres hicieron que su corazón se desviara hacia otros dioses (1 de Reyes 11:4). El que había sido el gobernador mas sabio y mas misericordioso, degenero un tirano, cuya mayor preocupación parecía ser agradar a sus mujeres mas que a Dios.
¿Y cual es el fin del discurso? No tratar de ser mas sabios que Dios. Al escoger a tú futuro cónyuge, no intentés unir la luz con las tinieblas. Dios ha dicho que no pueden tener comunión.
Nuestra resolución de hoy es:
*Ayúdame, Señor, para no unir lo que tú has separado; y, después de casarme, para no separar lo que tú has unido.

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